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martes, 9 de diciembre de 2014

Come as you are (de albóndigas y amistad verdadera)

Hola, amiga. Hola, amigo. ¿Eres de esos a los que les gusta organizar fiestas en casa? Seguro que sí. Creas un evento en Facebook (solo para invitados, porque ya te sabes aquello de la chica holandesa a la que se le fue de las manos y la lió parda), afirmas que va a ser el acontecimiento del año y anuncias con magnanimidad que tú pondrás la comida - que es una forma sutil de decir que el que no se traiga puesta la bebida se va a tener que hacer los gin tonics con Nenuco.

Si eres muy profesional, si realmente quieres triunfar, es posible que vayas a una tienda de esas de escandichorradas y compres cositas de decoración con motivos hipsters y modernos, como bigotes con las puntas rizadas, bicicletas o alces (si hay un animal moderno ese es el alce). Después buscarás unas cuantas recetas de albóndigas en internet (sí, nenes, las albóndigas ahora molan, si no lo sabíais podéis agradecérmelo en la sección de comentarios), comprarás pan de pueblo (que es otra cosa que ahora lo peta), unas patatas fritas y puede que prepares algo con vegetales frescos, como un guacamole o una ensaladita con con unos toques frutales para que tus invitados vean que eres una persona que se cuida - ese tipín no se va a mantener solo.

Mucho antes de eso ya habrás hecho dos cosas bastante importantes: una de ellas, elegir tu outfit. Algo en Marsala, quizá, porque si el Pantone dice que va a ser el color de 2015 tú lo tienes que llevar antes de que sea mainstream. Si eres chico, puede que optes por resaltar tu lado lumbersexual con tu mejor camisa de cuadros, tus mejores botas de montaña y tu mejor hacha, que además te resultará muy útil para cortar el pan de pueblo. La otra cosa importante es preparar la playlist. Para ello, seguirás todos los pasos recomendados por los profesionales de los eventos, asegurándote en todo momento de que se reconoce tu buen gusto musical.

Tú, amigo, amiga, tú lo que pasa es que VAS DE GUAY. ¿A quién quieres engañar? Hasta hace un par de años no sabías ni lo que era el Pantone, has tenido que googlear "lumbersexual" y te has copiado media playlist de la pestaña "descubrir" del Spotify porque en el fondo no te gusta la electrónica indie. A nadie le gusta. Eres una persona normal y eso está bien. Vale, seguramente sí te gustan las albóndigas porque a quién no le van a gustar, son carne picada con forma de bola, pero todo lo demás (salvo quizá el pan de pueblo) es una farsa. Y yo te digo: ¿es eso lo que quieres? ¿Una corte de aduladores que solo se acerque a ti porque pareces cool? Eso no es verdadera amistad. Déjame que te diga lo que tienes que hacer si quieres separar el grano de la paja y darte cuenta de quiénes son tus verdaderos amigos. Dales VERGÜENZA AJENA.



AtenciónTres premisas fundamentales, solo tres:

1) Sé radicalmente inadecuado. Por ejemplo, si habías pensado empezar con una cena tranquila y un poco de charla, sorprende con algo inesperado. Sugiero dar la bienvenida a tus invitados con algo totalmente fuera de lugar y dos datos fundamentales sobre ti: 1) te gusta la pachanga y 2) sí, veías Operación Triunfo, ¿y qué? Hello, my friends!:


Alternativamente, puedes marcarte un Pablo Iglesias mientras sirves las albóndigas (las albóndigas son lo único que merece la pena de tu planificación inicial) y arrancarte cantando algo de la Mandrágora con la excusa de que vivimos una época de cambio y vuelve la canción protesta. Piensa que tú no tienes al lado a Javier Krahe y que vas a tener que cantar a capella, lo cual lo hará todo un poco más ridículo:


Por motivos personales, y al margen de la música, me resulta especialmente entrañable la opción de intentar pelearte a manotazos con tus invitados. Si no les gusta, son unas mierdas secas y no merecen tu amistad. Y ya está:



2) Presume de síndrome de Peter Pan. Que se note que, aunque hace tiempo que te quitaste las fotos de la Superpop de la carpeta, sigues sabiendo lo que le gusta a la chavalería. Asegúrate de decir en voz alta "esto es lo que le gusta a la chavalería". Asegúrate de decir "chavalería". Pon algo de Auryn y asegúrate de corear el estribillo. Si te preguntan quiénes son Auryn di que los One Direction españoles. Si te preguntan quiénes son One Direction, vuelve al paso anterior: "lo que le gusta a la chavalería". Has triunfado:


Que no te parece suficiente Auryn, por lo que sea. Vale. Hay más opciones. Recomiendo a Abraham Mateo, el Justin Bieber gaditano, y su infalible combinación de laísmos y Spanglish. No diré nada más:


¿Que tampoco? Da el paso definitivo y pon algo de Gemeliers. Los Gemeliers son como un libro de Ira Levin en versión canción ligera. El futuro distópico de la música española. Pero tú ponlos. di que hay que apostar por la gente que está haciendo cosas nuevas. Y quédate tan ancho:



3) No tengas miedo al ridículo. Aquí hemos venido a jugar. Si quieres triunfar en tu misión, tienes que estar dispuesto a todo. Y eso incluye bailar. Bailar ASÍ o morir:


Ten en cuenta que al final de esta reunión puedes ser que nadie te vuelva a llamar. Pero si alguien lo hace, ten por seguro que será una persona con la que podrás contar para el resto de tu vida. Vas a tener que exponerte, el reto es grande pero también la recompensa. Y recuerda que la vergüenza ajena (como bien sabe A., responsable intelectual de este post) SIEMPRE es tendencia. La vergüenza ajena es democrática y no entiende de clases sociales. Si dar vergüenza ajena fuera tan malo, ¿lo intentaría Beyoncé? Yo creo que no. Así que... ¡suerte!


lunes, 17 de diciembre de 2012

Dulce Navidad (o lo que sea)

Ay, la Navidad… estas fechas me revuelven cosa mala, así lo digo. He pasado un año pensando que podría evitar este momento, y resulta que ha acabado llegando. Qué puedo decir, no soy una persona especial, solo uno de esos seres humanos occidentales y de cultura judeocristiana que dicen odiar estas fiestas pero las acaban utilizando como excusa para juntarse con los amigos, o con la familia, y para sumarse a la corriente general de consumismo, buenismo y pantagruelismo (lo que yo llamo “los tres -ismos” – vale, esto me lo acabo de inventar).

nacimiento hereje

El caso es que el otro día, en un arrebato retro y tal vez porque mi Navidad no volverá a ser lo mismo desde que sé que en el portal de Belén no había ni buey ni mula y que los Reyes Magos eran andaluces, estaba planteándome la posibilidad de felicitar las fiestas a mis amigos diseminados por el mundo enviándoles tarjetas navideñas… [aquí, si esto fuera un diálogo, me interrumpiríais]:

-          Espera, ¿me estás diciendo que haces esas mierdas?
-          Bueno, resulta que hace poco he recuperado el gusto por el correo tradicional, debe ser una cosa de la crisis de los 30, algo reactivo a la hipertecnificación, como lo de los chaps, que visten de tweed pero luego tienen un iPhone 5, yo qué sé…
-          Pero lo de mandar tarjetas es muy cutre.
-          Vale, será muy cutre, pero en el fondo hace ilusión. Aunque en realidad estaba buscando algo en plan tan mal que fuera bien, como… ¡Pero déjame vivir!

El caso es que, como todo me parecía demasiado vulgar, tuve la genial idea de hacer algo totalmente personal. De hacerlo yo misma. Y aquí me venció la evidencia: no sé hacer la “O” con un canuto. No tengo ninguna habilidad manual y aún menos talento artístico. Lo único que sé hacer es esta cosa de las canciones, así que he decidido limitarme a eso. Felicitación y regalo colectivo, acompañado de mis mejores deseos y esas cosas. Y he hecho una lista, estilo carta a los Reyes Magos. Aquí va:

-         Para C., C. (bis) y todos los amantes del trash noventero, para G. y el resto de los apocalípticos (y también los integrados) un recuerdo especial lleno de candor, buenas intenciones y ganas de arrancarse los oídos: Que no se acabe el mundo (1990). Cómo eran aquellas cenas de Nochebuena peleándote con tus primos, diciéndole a tu madre que la grasilla del jamón ibérico te daba todo el asco y desorinándote de los presentadores de TVE en Telepasión.


-         Para M. y para todos aquellos que lo gozan ingiriendo dulces típicos y por qué no, con una rumbita güena a tiempo o a destiempo, Mi mejor Navidad de La Húngara: hacer un villancico para tu churri es lo más bonito que puede haber en Navidad, al nivel de los espumillones de dos colores.


-         Para M., S. y P. y otros nativos de finales de los 80, un HIT con mayúsculas de un artista de su quinta (¿verdad que lo de “quinta” suena a Amar en tiempos revueltos?), Jordy Lemoine. En Navidad no siempre se respetan los derechos de la infancia, ni la integridad mental de los consumidores de música. ¿Y qué importa? Guardad la vergüenza ajena bajo el árbol, It’s Christmas! C’ést Noël!


-         Para todos los que aprecian los estilos urbanos pero también la caspa, como I., el Wrap Rap (1994) de las Tortugas Ninja. Cuatro quelonios rapeando sobre el proceso de envoltura de los regalos de Navidad son una apuesta segura. Malditas tortugas y su endiablado ritmo, así era inevitable que marcaran una época.


-        Para germanófilos como M., un éxito del artista más grande que jamás he visto cantando en playback en un centro comercial: Nik P., el hijo que en un universo paralelo podrían haber tenido Guti y Bigote Arrocet. Merry Christmas von Deutschland. ¿Qué pasa? Habrá que hacer un guiño a mamá Merkel...


-         Para los amantes de los fiestones de de Navidad o pre-Navidad, como F., material: una pieza con la que ambientar cualquier megaparty que se precie: el reggaeton navideño de Michael Pratts y El Bima: Llegó Navidad (2011). Perfecto para sonar en cualquier casa del mundo, incluso en las cubanas.


-         Para S. y todos los que celebran la Navidad en el hemisferio Sur (no me olvido), Christmas Conga (1998), de Cindy Lauper (y respect porque Cindy es una genia), un villancico con potencial de canción de chiringuito playero. La letra habla de noches frías, pero sin mucha convicción. Las congas, como las bicicletas, son para el verano. Lo que yo os diga, temazo estival.


-        Para los que no se conforman con cualquier cosa, como A. y M., un éxito de reconocido prestigio que ha superado la prueba del tiempo. Si una canción soporta su conversión a villancico, entonces es que ha pasado, parafraseando a Javiera Mena, al siguiente nivel. Gangnam Style está en ello, pero la Macarena (1996) es ya un clásico. También navideño.


-         He dejado el plato fuerte para el final. Solo para musicólogos curtidos o con cuentas pendientes con ÉL, como A. Melendi es un referente ahora y siempre, y no puede ser de otra manera con temazos como Trae pa’ka esa yerbagüena (2003), que hacen inolvidable cualquier Navidad. Por más que uno quiera.


No son imaginaciones mías, aquí hay muchas iniciales. Suficientes como para que nadie se identifique correctamente. Muchos grupos poblacionales. ¿Son todos los que están? ¿Están todos los que son? Creo que no. Quizá tenía que haber hecho lo de las tarjetas. Pero ahora es demasiado tarde. Haré una cosa. ¿Habéis leído esa historia de la Biblia en la que se cuenta cómo Herodes mandó matar a todos los niños menores de 2 años porque le habían dicho que iba a nacer el Rey de los Judíos? Bueno, pues a eso se le llama "un porsiacaso". Y por si acaso, yo voy con la artillería pesada, porque siento que mi espíritu Navideño se desborda por momentos y no quiero dejarme nada en el tintero. Porque era difícil superar a una diva como Mariah Carey en el MAYOR HITAZO NAVIDEÑO DE TODOS LOS TIEMPOS y las Nancys Rubias han estado a la altura. Porque esta Navidad, El mejor regalo eres tú.

martes, 9 de octubre de 2012

Looking back in resquemor

¿Habéis vivido alguna vez ese momento en el que tus padres y tus amigos se juntan en un mismo lugar y a ti te entra la ansiedad ante ciertas potenciales conversaciones? Seguro que sí. A mí me pasó hace poco. Me di la vuelta un segundo y cuando volví a mirar ahí estaba mi madre, hablando con A. y G., que me miraban y sonreían de manera inquietante. De hecho, G. sonreía y A. abría abría mucho los ojos al mirarme. Los ojos de A. decían: “oyoyoyoyoy”. Sí, mi madre les estaba contando cosas de cuando yo era pequeña, mi ansiedad era justificada. Los padres hacen esas cosas porque te quieren y se sienten orgullosos de ti, tengas 15 o 65 años. Pero a ti, indefectiblemente, te da vergüenza.

resquemor

Desconozco el mecanismo por el cual el ser humano tiende a avergonzarse, aunque solo sea un poquito, de su pasado. Seguramente Eduard Punset, que explica científicamente cosas como el fenómeno fan, la causalidad de las casualidades o el doble horneado del pan de molde, tendrá una respuesta para esto; yo me limito a constatarlo. A la gente le gusta decir que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero luego esconden sus fotos ochenteras con hombreras king size y gafas de violador. Es así. Los cantantes siguen ese mismo proceso y suelen renegar de sus inicios, a veces con bastante buen criterio. Sin embargo, a nosotros nos gusta recordarlo porque, como si fuéramos sus padres, les queremos. No, no, es porque tenemos muy mala baba.

Hay casos muy sangrantes de negación del pasado, como el de Alejandro Sanz. Yo, personalmente, lo respeto pero no lo comparto, o lo comparto pero no lo respeto, no lo tengo claro. Lo comparto, o lo que sea, porque ese pasado muy, muy bizarro y bastante casposo, aunque no lo acabo de respetar porque (y esto es una opinión particular) su presente tampoco es como para tirar cohetes (“yo soy la calle donde te lo encontraste a él” ¿?) y se siente bien orgulloso. En fin, como la mayoría de vosotros sabréis, Alejandro fue, antes que Sanz, Magno. Como el brandy. Y en aquellos tiempos era una mezcla entre Paco Clavel, Locomía y La Húngara, una cosa bastante almodovariana y mucho más moderna que su estilo actual. Hoy Alejandro, quizá recordando aquellos tiempos, o quizá debido a un acto fallido, titula su último disco La música no se toca. Pero a mí me gustaba más Los chulos son pa’ cuidarlos (1989).


Si tu familia está metida en el mundillo artístico, tu padrino es Lucchino Visconti y tienes un apellido con el que puedes hacer lo que te dé la gana, la verdad es que te está muy mal no dedicarte a la farándula. Miguel Bosé, Papito Papitwo ya sin ir más lejos. Miguel, que vive en los últimos tiempos, para alivio de muchos, más dedicado a su faceta familiar que a la musical (es papi de two hijos, por si no habíais pillado el juego de palabras), consagró sus años mozos a formarse como artista en escuelas de París, Londres, Nueva York y Roma. Si la formación no le merecía la pena, al menos el viaje sí. Uno de sus primeros éxitos fue este Linda (1977), del que si bien es cierto que el cantante nunca ha renegado, cabe destacar que es uno de los temas más cínicos de la historia de la música. Básicamente un tipo que le recuerda a su churri, antes de que “se unan sus cuerpos”, que está pensando en otra. Pero que vamos allá. A ver qué cara se te queda si te sueltan eso. O igual es que no lo entendemos bien,como él no entiende el 80% del indie.


Otro caso de pasado bastante enterrable y sin embargo no enterrado (eso es un ejercicio de valentía que hay que reconocer) es el de Melendi.  Melendi, nacido Ramón Melendi Espina, a la sazón compañero de clase de Fernando Alonso, ha virado su carrera (todo en teoría) hacia el rock, se ha planchado el pelo, se ha apuntado al gimnasio y se ha convertido en un tipo duro a lo Bon Jovi (sí, esa comparación es lo que es) que canta a barbies de extrarradio. Pero, años ha, Melendi era un tirillas con unas rastas bastante sospechosas que se dedicaba al flamenquito, con el que cosechó grandes éxitos como este Mi rumbita pa’ tus pies (Sin noticias de Holanda, 2003), que era lo que él decía que petaba la radio. Inexplicablemente, no se equivocaba y, más inexplicablemente aún, la sigue petando.


Sé que voy a entrar en un terreno pantanoso. Pese a que para algunos son un referente en cuanto a moda, otros muchos desearían que los 80 no hubieran existido nunca. Pues no puede ser. Si los 80 no hubieran existido, muchas personas, entre ellas servidora, no habríamos nacido, con lo que sería imposible que yo estuviera escribiendo esto y totalmente incoherente que vosotros lo leyérais, lo cual crearía una paradoja espacio-temporal que podría hacer que el Universo implosionara. Si mis conocimientos de astrofísica no me engañan, claro. Así que lo siento por Thalía y Paulina Rubio, que tuvieron su momento de gloria como estrellas adolescentes en el grupo Timbiriche. Melenazas cardadas, maquillajes imposibles, el glamour de la lycra, el ídolo adolescente, Quinceañera. (1987). Y aún lo son. Ídolos, no quinceañeras.


Al final de todo, esto me va a servir para confirmar mi teoría: YouTube son los padres. Es decir, que YouTube es como esos padres que guardan tus fotos vestida de espantaja (no era culpa mía, era mi padre que combinaba mal los colores), o en la bañera metiéndote el pie en la boca, y cuando menos te lo esperas se las enseñan a todo el mundo. No tiene por qué ser tan malo, puedes aprovechar para reírte tú también. Pero, en todo caso, no, cualquier tiempo pasado no fue mejor. El presente (y quién sabe si el futuro) pueden estar, al menos, relativamente bien. Qué demonios, pueden estar hasta muy bien. Así que ánimo y buena suerte. 

jueves, 6 de septiembre de 2012

Más (o menos) que amigos

Hay un refrán popular que, no me resisto a decirlo, me fascina: “Dios los cría y ellos se juntan”. La expresión alude a la tendencia de los que se parecen a acabar encontrándose y, según el Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes (sí, hay de eso, ¿no es maravilloso?), suele aplicarse “a personas de conducta más bien censurable”. No quería yo ir por ahí, pero al leer esto último me pregunté si escribir un blog sobre música extraviada no se podría considerar una conducta “más bien censurable”. Yo misma me respondí: si lo que quieres decir es si la gente va a pensar que eres una friki, sí, lo van a pensar.

Y por un momento me sentí decaída (una vez más). Entonces recordé una conversación reciente con A., que también dedica parte de su tiempo a lo que ella llama “cultura abisal” (Dios los cría…). Pues bien, yo le preguntaba a A. si eso de pasarme el día tarareando canciones de una calidad discutible (porque todo en esta vida se puede discutir) no sería un poco raro, a lo que ella me contestó, así, resumiendo: “no, es bien”. Y como A. resulta ser una de las personas más lúcidas que conozco, pues me quedé tranquila. Esa es, básicamente, una de las funciones elementales de los amigos. Tranquilizarte, descargarte de tus pesares, reconfortarte cuando lo necesitas, hacerte sentir integrado en la sociedad y, por supuesto – en eso basa su éxito Facebook –, apoyarte incluso en tus iniciativas más intrascendentes .

Pero entre amigos también cabe la traición (que se lo digan a Francisco Camps, ya no se puede fiar uno ni de sus colegas del club de tenis), y el mundo de la música no es ajeno a estos dramas cotidianos. Maticemos, la traición no es siempre voluntaria. Eso es lo que sucede en Amigas en común (2012) de Lekvi, un trío colombiano formado por Jairo Rodríguez (Yaro), Ronald Rhenals (Ronny) y Hugo Carvajal (DJ Yerson). Esta historia tiene mala pinta la mires por donde la mires. Ella le da un beso pa’ que él se la vacile, y él tiene novia, pero ella no lo sabe. Y sí, las dos son amigas. Un comienzo así no augura nada bueno. A ver, chicas: 1) os falta comunicación y 2) evitad a este tipo de maromos, que se les ve venir, que luego encima van comentando la jugada con sus compadres y se quejan de estrés. En fin.


Y si había alguna duda de cómo podría acabar todo esto, Camela (ojo, hablamos de Camela, RESPECT) nos trae una potencial segunda parte, Querida amiga (10 de corazones, 2004). Ella, la del beso pa' que él se la vacile, no se había enterado de nada, no, pero un amigo de ella sí, ya sabéis cómo son estas cosas. Este amigo, que otra cosa no será, pero insistente, un rato, se lo advirtió una y otra vez: que él no valora tu cariño, que no te quiere, que hay una tercera en discordia… y ella ni caso, cegada de amor como estaba  – de acuerdo, eso lo podemos entender – , hasta que los vio paseando.  Sea como sea se masca la tragedia, si no, al tiempo. De momento la chica ya se ha llevado el chafón.


Efectivamente, la cosa ya iba mal encaminada, pero imaginaos, como Rebeca (si alguien de más de 25 años no recuerda Duro de pelar es que pasó la segunda mitad de los 90 encerrado en un monasterio cartujo) que todo lo que podía ir mal ha ido mal. La novia del maromo ha descubierto el pastel. Ella, que creía que su amiga era una chica especial en la que podía confiar, con la que podía compartirlo todo, se da cuenta de que así ha sido, tal cual. Y le dice: calla-calla-Cállate ya (Rebeca, 1996). Aquí las cosas se ponen muy feas para la traidora involuntaria porque, encima del disgusto que lleva, su amiga la culpa, en exclusiva, de todo. Mal rollo.


Pero aquí faltan cabos por atar. ¿Quién es realmente ese amigo que ha informado a la incauta? ¿Cómo es que lo sabía todo? ¿No podría ser acaso el compadre del maromo adúltero? ¿Y no podría ser que hubiera hecho todo esto para levantarle a su chica? Como dice el dominicano Luisito el Canchanchán a ritmo de bachata, este tipo, lo que es, es un Mal amigo (Sin miedo, 2011). El círculo de la traición se cierra y esto ya no es un triángulo de amor bizarro, esto es un desmadre.


Seguramente estaréis esperando una moraleja después de todo este cuento. Bueno... en principio yo solo hago la selección musical y escribo los textos, no me encargo de la conciencia de nadie, pero en este caso no está de más recordar que, como decía Truman Capote, la amistad es un trabajo a jornada completa. Mantened contentos a vuestros amigos. Por lo que pueda pasar.

P.S.: C., papá adoptivo de PMB, G., A. y A., bizarre lovers, I., A., M., S., M., M., G., V., A., D. y demás letras del abecedario conocidas y por conocer, queridas y por querer, presentes y ausentes, lectores bonicos: Amigos para siempre. Larga vida y prosperidad.