martes, 11 de junio de 2013

PMB Attacks Mars

Una vez más, PMB va a descubrir la pólvora. Allá va: Marte está de moda. Es rojo, es alternativo y es guay. Emigrar se ha vuelto muy mainstream, y ahora sabemos que hacerlo dentro de la Unión Europea no es realmente emigrar, así que si eres un hipster en proceso de movilidad exterior (siguiendo la nomenclatura de Fátima Báñez y la Virgen del Rocío), tu única opción para distinguirte de la masa es la cuarta roca desde el Sol. Que si hay que mandarlo todo a hacer puñetas se manda, pero bien. Y si la felicidad está en irse a Marte a cultivar nabos transgénicos o lo que sea, pues se va. Sí, es cierto, emigrar a Marte no es como emigrar a Alemania. Marte no es uno de esos mediocres países a los que vuela Ryanair. No hay posibilidad de volver y si no va bien hay que aguantarse pero, ¿acaso no es eso recuperar el viejo sabor de las migraciones? ¿No es, en el fondo, abrumadoramente vintage? Emigrar a Marte, amigos; THE REAL THING, y ahora podemos hacer nuestro sueño realidad y petarlo (beat it) sobre la polvorienta superficie marciana. Yo lo veo.

Ven conmigo baby

Vamos a explicar esto. Para quien no se haya enterado, es decir, los que estáis muy ocupados o los que ya vivís en Marte - en espíritu -, existe un proyecto privado llamado Mars One ideado por una holandés (evidentemente errante) que planea mandar personitas a Marte para establecer una colonia permanente en el planeta a partir de 2016. Teniendo en cuenta el percal que tenemos aquí en la Tierra, no es de extrañar que los candidatos se cuenten por cientos y cientos, incluso miles y miles, o genéricamente, a puñaos. El proceso es sencillo: entras en la web del millonario holandés, te inscribes, pagas una pequeña tasa y envías un vídeo explicando por qué eres el mejor candidato para irte a tomar por saco de aquí.

Hay mucho aguafiestas, y dicen que aún no podemos ir a Marte porque el carburante, la radiación y bla, bla, bla. Pero afortunadamente el espítitu optimista de los terrícolas siempre sale a flote, y ahí tienes a marcianófilos entusiastas como Toni, dispuesto a compartir su voz con todo el universo, Melissa, “the sort of girl who likes to be different”, el metalúrgico freudiano brasileño José o la pizpireta Ara que, como buena española, simplemente no tiene nada mejor que hacer aquí. Con estos compañeros de viaje siempre resulta apetecible colonizar un planeta. Tras visionar algunos de los perfiles de los candidatos, me puse en contacto con mi sidekick I. para tratar de averiguar qué lleva a un terrícola de a pie a postularse a la marcianía, y si nosotras mismas, por qué no, seríamos unas buenas candidatas. Después de todo, quizá podríamos encontrar nuestro hueco entre los frikis desplazados y contribuir a fundar una civilización basada en el delirio y la egolatría. ¿Seríamos capaces de contestar el mismo cuestionario que nuestros potenciales compañeros? Intentémoslo:

1. Why would you like to go to Mars? 
Espera. Se supone que antes de esto nos hemos preguntado “Would I like to go to Mars?” y hemos contestado “¡pojclaro!” con seguridad:


Y no sólo es que nos ha gustado escuchar cómo crujía nuestro motor desde bien guachas, desde bien chiquiticas (que también), sino que no podemos obviar las virtudes de Marte. Todas esas que conocemos gracias a la bendita cultura pop. Por ejemplo, sabemos por John Grant que en Marte hay ríos de gelatina verde y laderas de gominolas, lo cual viene siendo el recopetín. La canción es tristona, pero en el videoclip de I wanna go to Marz podéis comprobar que en el planeta rojo hay fiestas en las que la gente se viste con chándal de tactel y baila al corro de la patata. Eso es planazo.


Otra cosa que mola de Marte es que no puedes ir en un bus de la EMT, ni siquiera en tu propio coche, y si eres de los que aman las emociones fuertes, el propio viaje es un atractivo; meterte en el cohete y escuchar eso de "tres, dos, uno, ignición" mientras cantas por las Nancys Rubias tu despegue hacia el espacio exterior:


Y poder responder a preguntas que se hace toda la humanidad, como Bowie en Life on Mars?:


Aunque en realidad eso era en 1971, y en 1979 Enrique y Ana ya habían resuelto esa duda: . Para los que no somos muy sociables no es tan definitivo, pero los marcianos son, al parecer, buena gente, y lo que tal vez sea más importante, tienen el culete respingón (nunca digas de este agua no beberé). Los humanos somos muy complicados, pero creo que nos llevaríamos bien con los locales.


Además de que Marte está muy, muy lejos de la Tierra, lo cual es de por si algo a tener en cuenta (tampoco nos ha ido tan bien aquí, ¿no?), hay otros alicientes. Por ejemplo: una persona de 47 kilos pesaría solo 17 en Marte, así que este año te ahorras la operación bikini (además está la cuestión de la falta de gravedad, que para los huesos va fe-no-me-naaal, como decía Parade - que sabía de lo que hablaba, ojo tracklist). Y otra: ¿sabes esa sensación de que te faltan horas en el día para todo lo que tienes que hacer? Pues el día marciano dura 39 minutos más que el terrestre. BOOM. Adiós al estrés.

plas, plas


2. Do you know that there are risks involved?
Podríamos decir eso de que la vida es riesgo-oh yeah y quedaríamos muy bien. Pero yo soy una cagueta, y lo de los riesgos me tira para atrás. Porque tanto I. como yo somos personas ilustradas, hemos visto pelis de astronautas y of course we know that there are risks involved. Una de las candidatas dice que prefiere morir haciendo algo guay que en su casa rodeada de gatos y viendo la tele. Así que no problem, le dejaremos a ella el placer de guardar la base marciana cuando salte por los aires en plan HollywoodEstá la cuestión de las radiaciones, que al parecer es bastante mal, pero no nos preocupa demasiado comparada con lo de los virus asesinos. Sí, los virus-fantasma. Síííííí, esos que convierten a su huésped en un cochino zombie:


Pero no, no estamos más a salvo en la Tierra, por más que pensemos que vamos a sobrevivir sin problemas a la next generation de gripe aviar y la crisis del pepino de turno. Mejor en Marte. Allí al menos los zombies son de calidad, no como los que nos traen los extraterrestres a nosotros:


Otra cosa es que, aunque los amigos de Enrique y Ana son majetes, al parecer también hay marcianos chungos. En Mars Attacks! se los cargaban poniéndoles el Indian Love Call de Slim Whitman, lo oían y les petaba la cabeza dentro de la escafandra. Así:


A mí lo que me da miedo es que ellos también hayan encontrado nuestra kriptonita musical, y es que ya ha habido contactos con algunos músicos. Que no lo digo yo, que el propio Alejandro Sanz cuenta en Mi marciana cómo fue visitado por uno de estos seres. Y Alejandro Sanz ES kriptonita.


Así que, haciendo balance, entre la música apocalíptica, los zombis y la posibilidad de una invasión, ¿qué te puede pasar en Marte que no te pueda pasar en la Tierra? Piénsalo:



3. How would you describe your sense of humour?
¿Cómo describe uno su sentido del humor? Bueno, allá va un intento. Nuestro sentido del humor es sencillo, llano, del pueblo... No, vamos directos a los ejemplos. Veamos, cosas que nos hacen gracia:
  • La ardilla esta con cara de desquiciada:
  • Las Quereseres girls (carne de talent show marciano):
  • Cuando alguien dice “Frau Blucher” y los caballos relinchan (siempre que hay un caballo cerca digo "Frau Blucher" por si suena la flauta):
  • Bill Murray dándole la "previsión del tiempo" a Andie MacDowell:
  • La Princesa Bultos:
  • Por supuesto, el pene dibujado en la superficie de Marte:
La NASA was here

Tampoco sé si preguntan esto para saber si congeniaríamos con el resto de la tripulación (porque francamente, dado que la mayoría de los terrícolas me caen mal, lo dudo) o por si nos van a hacer gracia las cosas de los marcianos. Esto último lo veo más probable. Ahí sí que me veo. Vestida con mi chándal de tactel y mi escafandra y bailando chachachá como si no hubiera mañana:



4. What makes you the perfect candidate for this mission to Mars?
Esto no debe saberlo el señor holandés que hace la selección, pero me mareo enseguida, soy muy delicada para las digestiones y solo sé dormir con la luz apagada y las persianas bajadas a tope. Creo que eso es mal. Por otra parte tengo una formación académica heterogénea y habilidades muy diversas: lo mismo te cito a Walter Benjamin que te hago una torunda de gasa. Eso es bien. Sé hacer bizcochitos y montar en bici. I. ha estudiado una carrera a caballo (¡Frau Blucher!) entre las ciencias y las letras, y afirma saber hacer de hacer de todo, pero mal. Pero de todo. Pero mal. ¿Punto de cruz? ¿Esquí? ¿Buceo? Lo que nos hace mediocres en este planeta no tiene ninguna utilidad allá arriba. Por fin una vida por delante con días de 24 horas y 39 minutos para dedicarnos a lo que mejor sabemos hacer:


Por otra parte, no soy una persona paciente, ni estable emocionalmente, ni adaptable, ni me hago fuerte ante las adversidades, ni nada de lo que según la web de Mars One es imprescindible para un astronauta. No sé, después de todo, tal vez no deberíamos mandar nuestro perfil al holandés errante. Está bien lo del chachachá, lo de echarse amiguitos extraterrestres de culete respingón y lo de los viajes en cobete, pero la verdad, no me imagino a mí misma poniéndome todas las mañanas el traje espacial como quien se cambia de bragas, talmente:


Y Marte tiene su punto por eso del exotismo y tal, pero eh, hay cabos sueltos. Primero, queda mucho producto musical bruto por explorar. Segundo, si para presentarme voy a tener que pagar empezamos mal. Tercero, esa gente que se postula para la misión es muy estomagante. En resumen, me da pereza. Eso, y que vamos de cara al verano y no puedo dejar de pensarlo: en Marte no hay playa. Así que me vais a disculpar, estoy en mi momento viva-la-Tierra y me apetece disfrutarlo. Como Paris. Maromo, cocoteros y sol. Y que le den a Marte. El espacio exterior, por ahora, puede esperar.


jueves, 11 de abril de 2013

La bicicleta

No me lo digáis, estáis hartos de los días mundiales. Los días mundiales (de las cosas más insospechadas) son la última de las plagas bíblicas, aunque el Antiguo Testamento, por lo que sea, no los contemple como tales. Llamadme tiquismiquis, pero admitir a trámite el Día Mundial de la Nutella (por muy básica que sea en cualquier dieta equilibrada), el Día Mundial del Inodoro (que sí, que es muy higiénico y que tú tienes mucha complicidad con tu váter, como Natalia Verbeke, pero me da igual), o el Día Mundial de las Batallas de Almohadas (sin comentarios) me parece un signo más de la decadencia de la humanidad, junto con la corrupción generalizada y los churros en spray de Mercadona.

Dicho esto, hay un día mundial que, por diversos motivos, me parece digno de ser celebrado y blogueado, por qué no decirlo. Me refiero al Día Mundial de la Bicicleta. La bici celebra su día mundial el 19 de abril, tras lo cual hay una historia muy interesante que, por supuesto, no me he molestado en investigar. Para eso tengo a mi experta de Todobici Valencia (tengo que perfeccionar esto de la publicidad subliminal) que lo cuenta mucho mejor:

"¿Cómo? ¿Qué el día de la bicicleta es el 19 de abril? ¿Pero no se celebra a mediados de septiembre una marcha ciclista por la ciudad? Pues no. En España se organizan todos los años actos ciclistas el Día de la Movilidad Sostenible, que tampoco está mal, pero no es el Día oficial de la Bicicleta. Por una razón muy simple: El Día de la Bicicleta conmemora el primer viaje, no del creador de la bicicleta, ni de Contador o Armstrong, si no del científico que sintetizó una sustancia prohibida, el ácido lisérgico. ¿Bicis y LSD? Sí, todo tiene explicación.

Un buen día, allá en la Suiza profunda de 1943, el químico Albert Hofmann estaba con las probetas en el laboratorio farmacéutico Sandoz (ahora Novartis) estudiando las propiedades medicinales del Claviceps purpurea, más conocido como CORNEZUELO, un hongo parásito cuyas propiedades delirantes se conocen desde la Edad Media. Ahí estaba Hofmann, aislando y sintetizando los activos del famoso hongo cuando accidentalmente absorbió una minúscula cantidad de la sustancia. El hombre empezó a sentir una agradable sensación, que estaba volando en un sueño y los colores se movían con efecto caleidoscópico. Vamos, que flipó, y así descubrió los alucinantes efectos del ácido lisérgico. A Hofmann le gustó la mandanga y quiso más. Tres días después se convirtió en una cobaya humana, se preparó 0,25 miligramos de ácido y bajo su propio riesgo, allí mismo, con su bata blanca en un serio laboratorio suizo, se tomó el primer tripi de la Historia.

Al terminar la jornada, Hofmann le pidió a su asistente que por seguridad, le acompañara a casa, que se sentía muy raro. Corrían tiempos duros, y por restricciones de la guerra estaban prohibidos los vehículos de motor, así que pillaron sus bicis y recorrieron el camino a casa. Embriagados por la luz del sol y la naturaleza, este viaje en bici se convirtió en la primera epifanía psicodélica sunshine acid:
"Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes fantásticas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante". 
La proyección de fractales en su consciencia,  le abrió una nueva puerta de percepción desconocida, en unión con la naturaleza, el planeta y su bicicleta:
"Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva..."*
Tripis (en ocasiones conocidos como ‘bicicletas’)
conmemorativos de ‘El primer viaje’ de Hofmann

La bajona no perdona, y el doctorcito pilló paranoias al llegar a casa, pero como el único síntoma físico que sufría eran unas pupilas dilatadas como platillos volantes, se tranquilizó y disfrutó de su experiencia lisérgica. Hofmann, que falleció en 2008 con 102 años, luchó toda su vida para que le tomaran en serio y el LSD se utilice como tratamiento psiquiátrico y no solo como droja recreativa. 

Todo esto no sería más que una anécdota, pero en 1985, un profesor de la Universidad de Illinois fundó el ‘Día de la Bicicleta’ para conmemorar el primer viaje psicotrópico de Hofmann, un viaje que hasta hoy han realizado un sin fin de personas, locos y cuerdos, que buscaban quién sabe qué en sus cerebros. Desde Timothy Leary, Steve Jobs, John Lennon, Chimo Bayo y quizás tu vecina del quinto.


¿Conclusión? LSD, EPO,… ¿Más razones para subirse a la bicicleta? ¡Aunque no hacen falta más sustancias que tu propia adrenalina para disfrutar de un buen viaje en bici!"

Eh, niños, id en bici, pero no toméis drogas. En cualquier caso, yo sí os voy a contar mis razones para subirme a una bicicleta, y para celebrar esta fecha. Quiero celebrarlo porque, haciendo memoria, (redoble, que voy a sonar muy cursi) me he dado cuenta de que sobre una bicicleta he vivido algunos momentos especialmente Gonitos, con G. Voy a seguir la estrategia del contraste, y os lo voy a ilustrar con esas cosas que os gustan para rebajar la intensidad emocional. Allá vamos.


Aprendí a ir en bici de pequeña, como casi todo el mundo. En el apartamento de la playa de mis tíos, con la BH de mi primo, y en una tarde que debió ser un suplicio para más de uno. Nunca he usado la bici con regularidad, más por mi afición por caminar, a lo Labordeta, que por otra cosa, y no recuperé la costumbre de pedalear hasta hace algo más de dos años. Momento guay 1: cuando C. me re-enseñó a ir en bici, obviando mi torpeza inicial y con más paciencia que un santo. Debería escribir una frase lapidaria sobre el hecho de que volver a montar en bici es reencontrarse con la "infancia o, más exactamente, con las sensaciones que, al no tener edad, escapan a la acción corrosiva del tiempo" (que no lo digo yo, lo dice Marc Augé en Elogio de la bicicleta), pero en realidad fue más bien estresante. A todo esto, yo no me había hecho ninguna playlist para ir en bici porque bastante tenía con no volcar, pero dado mi entusiasmo por retomar el contacto con las dos ruedas, sé que habría empezado con algo como Voy con mi bici de los Pitufos Makineros:


Pero esto era el comienzo, y el comienzo fue en una bici del servicio municipal de alquiler (podría dar nombres, pero para mí es como Voldemort, me da yuyu decirlo) porque ojo, las bicis las roban, y para una paranoica como yo el hecho de tener un vehículo propio y, por lo tanto, sustraíble, era un plus de ansiedad que no estaba dispuesta a añadir a mi vida. No estoy de coña, si te roban la bici puedes acabar componiendo algo así:


Como digo, me costó dar el paso y convertirme en propietaria (si el concepto "hipoteca" ha cruzado por vuestra mente en este momento, olvidadlo, no forma parte de mi vocabulario). Y lo hice por una sucesión de acontecimientos que involucran a personas muy queridas y que os voy a relatar aunque no queráis. C., mi mentor/reeducador ciclista, me presentó a principios del año pasado a A. (ese es un momento muy guay pero no entra en este recuento). No es que A. fuera en bici, que no iba, pero a través de A. conocí, meses después, a S., que acababa de abrir Todobici (momento publicitario 2 - momento guay 2) y que durante un tiempo estuvo intentando convencerme para que comprara un biciclo (he dicho "biciclo"). Voy a resumir el resto como el típico "que no" - "que sí", hasta que, por fin, en el garaje de mi padre, encontré una bici y me convertí en rica heredera (momento guay 3):


Mi bici es una bici normal. Con frenos, con marchas, con el sillín acolchado porque mis posaderas (y las tuyas, piénsalo) se merecen lo mejor. Voy a decir algo que me puede condenar, pero me da igual que me veten la entrada en cafés-librería, que me impidan llevar gafas de pasta e incluso que revoquen mi derecho al brunch: no me gustan las fixies. Corrijo: sí me gustan, pero no son para mí. Me parecen bonitas. Pero también me parecen bonitos los ponis y no son mi elección prioritaria como medio de transporte. Sé que los fixters me miran de reojo desde el sillín Brooks de su fixie, lo sé, ellos leen mi mente y yo la suya, y dicen: All you haters, suck my balls:


Perdón, por si no ha quedado claro, sí, las fixies son muy cool:


Y es un hecho, me estoy quedando al margen de la modernidad. Que mi bici tenga el cuadro picado, lleve una pegatina de Orihuela (Alicante) y tenga cables (los de la transmisión y los frenos) me coloca en un nivel algo más bajo en la escala hipster, pero no os hagáis ideas equivocadas, mi bici es qualité, no como la de los pibes de Canilla Libre:


En cualquier caso, otra gran ventaja de la bici es que te proporciona cierta autonomía en el desplazamiento y cambia radicalmente tu noción de las distancias (y del tiempo). Te acerca a todo y te concede minutos extra - MAGIA. Personalmente, puedo decir que la bici abrió mi perspectiva de la ciudad a zonas que, tampoco nos engañemos, podría haber transitado a pie, pero que se prestan mucho más al ciclismo. Por ejemplo, ir en bici por la huerta valenciana es otro momento guay (y van 4):


No sé si realmente recuerdo estos momentos con cariño porque sí y la bici es un añadido, o si la bici es lo que añade a mi recuerdo de la escena un aura de felicidad. No voy a psicoanalizar este post. Pero (atentos que viene la marea de iniciales) sin necesidad de escarbar mucho me vienen a la cabeza cosas como ir a la playa con G., y con M., y con C., una excursión dominguera entre semana con A. y N. y un Día de la Bicicleta en Valencia que acabó con una foto con Manolo "el del Bombo" (que no veréis jamás en este blog) y en el que A. volvió a ir en bici tras un verano de intentos frustrados. Me he perdido en la cuenta del momento guay, pero hay muchos, y todos on a Motherfucking bike:


Vaya, parece que me he puesto un poco sentimental, pero si pensáis que una primera versión de este post empezaba con "anoche volvía a casa pedaleando y, mientras S. y sus amigos me adelantaban y se perdían entre las curvas del camino, pensé que nunca el tiempo dura tanto y a la vez tan poco como a lomos de una bici" veréis que me he cortado mucho. Reconocedme al menos ese métiro. Y ahora salid, muchachos y muchachas, a pedalear, y amad vuestra bici. Vuestra bici os ama también.


*Texto extraido de Hofmann, Albert (1981): LSD, My Problem Child

sábado, 30 de marzo de 2013

Cumbia, muerte y resurrección

Vosotros no lo sabéis, y yo podría no decir nada, pero llevo un par de días inmersa en una espiral (bastante incómoda) de sinceridad incontenible, y lo voy a confesar: este blog ha estado muerto. La astenia primaveral, mis ya célebres fluctuaciones de humor y, sobre todo, la falta de inspiración, me habían hecho certificar su defunción. Así, sin previo aviso, de golpe seco. Pero hemos sobrevivido. ¿Por qué? La explicación es larga y complicada, voy a intentar darle sentido.

Hace algo más de un mes, mientras intentaba ver El padrino II sin haber visto El padrino I - una clara metáfora de mi manera de proceder en la vida (y así me va), recibí un mensaje de Facebook. La mitad de la troika-pero en bien se manifestaba. Dejé por un momento a Michael Corleone y leí el mensaje. F., la mitad de la troika-pero en bien, había estado escuchando éxitos de los 90 en Argentina y al oír uno de ellos se había acordado de mí. Era el siguiente:


Siempre tengo un sentimiento contradictorio cuando alguien se acuerda de mí al escuchar un producto musical bruto. La cabeza hace que me plantee durante unos segundos la imagen que ofrezco a los que me rodean, pero luego el corazón me da saltitos de alegría. En este caso, más de lo segundo. Sea como fuere, la conversación derivó en un monográfico de cumbia trash. Y ese monográfico derivó a su vez, pese a las reticencias de F. por el hecho de haber tomado una decisión unilateral sin la aprobación de la otra mitad de la troika-pero en bien (no sé si tienen derecho de veto), en la promesa de un especial de PMB sobre cumbia (cumbia villera, según descubrí más tarde en el curso de mis investigaciones).

El caso es que, después de pactar el especial cumbia me di cuenta de que, como de costumbre, me había tirado a la piscina sin mirar si había agua. Yo no tengo ni idea de cumbia, y Tenerife es lo más cerca que he estado de Argentina en mi vida. Así que dejé que otros temas pasaran por delante. Un mes después, aún con la cumbia en la cabeza, merendaba frente al televisor mientras seguía los fastos de la proclamación del nuevo papa (que me gusta el oropel). Y cuando después de lo de"Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam; Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae Eccleasiae Cardinalem Bergoglio Qui sibi nomen imposuit Franciscum" la locutora dijo que se trataba de un cardenal argentino, me dije: SEÑAL.

papa Francisco

Pero lo dejé correr, no me sentía preparada. Sin embargo, unos días más tarde, me vino a la cabeza una idea: alguien le debía haber dedicado una cumbia al papa Francisco. Así que busqué en Google: "cumbia papal" y oh sorpresa, apareció ante mí una noticia de ese mismo día cuyo titular rezaba (nunca mejor dicho) así: "El papa Francisco, inspirador de cumbias, tangos e incluso un rap". Se lo dije a F., convencida de que era una (otra) señal: "Somos claramente visionarias", me contestó ella, ante este documento:


Pero la verdad es que la inspiración seguía brillando por su ausencia, tras el momento DJ embajonado me había quedado seca. Me documenté, pese a todo. Pedí a F. asesoramiento sobre la idiosincrasia argentina, temerosa de herir susceptibilidades nacionales, y fui remitida a este sketch


No supe qué decir; pensé: "¿y si con mi post ofendo a alguno de mis lectores argentinos?" Y repensé: "¿Qué lectores argentinos? A lo sumo una". Y con todo, me volví a desanimar. Y así llegamos al día de ayer. La Semana Santa, los días libres y la visita de A., la otra mitad de la troika-pero en bien, enviada, estoy segura, por F. con el claro propósito de convencerme para escribir de una vez por todas el especial sobre cumbia, porque, maldita sea, soy incapaz de decirle que no a A. Y aquí estoy, escribiendo. Decidme que a estas alturas de la historia aún os interesa la cumbia villera, porque peligra la vida de la artista. 

Atención a mi proceso de documentación: Wikipedia. "Cumbia". "Cumbia" > "Cumbia argentina" > "En años recientes la cumbia sonidera proveniente de tatatatata... se ha fusionado con el estilo de cumbia peruana para formar la actual cumbia villera, aunque por separada de ést..." a veeeer... > "Cumbia villera"... "Es una corriente de la cumbia argentina cuyas bandas y cantantes abordan frecuentemente en sus letras temáticas relacionadas al sexo, las drogas, el alcohol, la delincuencia"... Pibes Chorros... Damas Gratis... Flor de Piedra... esto es lo que me pasó F., BINGO. Mi conocimiento sobre la cumbia villera se reduce a lo que he leído en Wikipedia (tengo un saber wikipédico) así que me parece más útil remitiros al artículo original que reproducirlo aquí. Centrémonos, en cambio, en los sentimientos. En los tres motivos por los que prometí escribir sobre la cumbia villera y por los que no había olvidado mi promesa:

1) El mensaje: la cumbia villera nació, me dice mi Wiki de mis amores, en las villas miseria de Buenos Aires, y el ámbito temático de las letras abarca desde las drogas hasta la delincuencia, entroncando con una tradición de canción lumpen en la que podríamos inscribir, por mencionar un elemento más cercano, a nuestros Chichos. Hoy me siento socióloga, y también mencionaré el sentimiento de pertenencia al barrio y la lealtad al grupo. Para muestra, Sos un botón, de Flor de Piedra. "¡Sufre por hacerte policía!"


Mi querida Wiki también me dice que la temática del sexo suele estar presente en las letras de la cumbia villera. No sabía muy bien cómo introducir Colate un dedo de los Pibes Chorros, pero en fin, tampoco hace falta estudiar literatura comparada:


2) Los cumbierosFrikipedia dedica a los cumbieros una entrada poco halagadora, a ella os remito, a falta de datos propios. "Lo chungo es poner 'cumbiera' en Google Images", me dice F. Y lo hago, y entiendo por qué me lo dice. Probad. Si estéticamente os recuerdan a los canis, o a las chonis, enhorabuena, vuestras condiciones perceptivo-cognitivas están en perfecto estado. A los cumbieros, como a los canis, se les podrán echar en cara muchas cosas, pero los cumbieros, además de mantener la industria del chándal, tienen CÓDIGO. Y eso me toca la fibra.


No solo eso: los cumbieros son inclusivos. Puede que a veces quieran matar a sus enemigos, como todo hijo de vecino, pero en condiciones normales incluso los más peques tienen cabida en el movimiento. Me emociona ver esta actuación de Flor de Piedra y a los niños bailando con la mítica Jarra loca, que básicamente va de echar drojas en la bebida y eso. HAMOR:


3) El keytar. El keytar (de keyboard y guitar) es un objeto simbólico suficientemente poderoso en sí mismo como para merecer la atención de este blog. El teclado guitarra es a la cumbia villera lo que el ukelele al folk, solo que mola más. Me gusta el keytar por su sonido melodioso y porque era el instrumento que más lo petaba en mi infancia. Querréis ver un keytar molón: el de Pablo Lescano, de Damas Gratis. En su máximo esplendor en esta performance de Quiero vitamina: "del baile me vengo ahi que pedo tengo / no puedo caminar de tanto jalar / estoy re cantina yo quiero vitamina" - pura poesía:


Os he explicado los motivos por los que tomé tan en serio la propuesta del especial sobre cumbia, pero creo que realmente no he hecho un especial sobre cumbia. Quizá porque F. me dijo que el día que hablara de este tema mataría a mis lectores. Igual debería haberos puesto en antecedentes sobre el contexto histórico y sociocultural en el que se desarrolla la cumbia villera, o sobre las diversas influencias que recoge el género. Pero me daba pereza. Lo dicho, ver El Padrino II antes que El Padrino I. Eso es lo mío. Lo importante es que, a los 20 días, Producto Musical Bruto resucitó.

jueves, 21 de marzo de 2013

No disparen al DJ

Vamos a ponernos en situación. Hace unos días, mientras disfrutaba del placer de viajar en la línea 6 de Cercanías de Valencia (on the 6, parafraseando a JLo), descubrí este desesperado tweet de una amiga de I. (abundando en iniciales, también I.): “Pincho 30 min en una fiesta y estoy en modo 'pink moon'. ¿Sugerencias?” De acuerdo, no suena desesperado, pero hay que tener un poquito de sentido del drama. En un tweet posterior me preguntaba directamente: “¿Qué pincho?” – ¡a mí, sin ser yo nada de eso! Como había estado todo el día en mis cosas no había reparado en que todo esto, la fiesta, la desesperación, el intercambio tuitero, había ocurrido la noche anterior. Así que me vine arriba y me ofrecí a compensar mi negligencia con un post completo de PMB (esto es muy valenciano, que lo sepáis). I., la DJ en apuros, me ofreció su colaboración, y yo, que soy muy del duet, pensé: “hey, I just met you, and this is crazy, pero hagámoslo”. Así que, desde nuestros respectivos bajones y nuestras distantes ubicaciones, decidimos que era nuestra obligación ofrecer este servicio público para cualquier DJ ocasional con un compromiso en un momento de bache emocional.

DJs en apuros

Vale, DJ ocasional, te han pedido que pinches en la fiesta de un amigo/a. Tienes un mal día (o una mala época) y a ver quién le dice a tu amigo/a, que te mira con ojos de perrito Tristón (el juguete más bajonero jamás fabricado, yo tuve uno y así me quedé), que no estás ahora para eso. No tienes escapatoria: tus amigos confían en ti porque respetan tu mandanga, pero la cruda realidad es que te quedarías bajo el edredón escuchando temas festivos nivel la discografía completa de Leonard Cohen. Por lo que sea, DJ anónimo; eres un sujeto hipotético y no podemos saber qué es lo que te inquieta, te atormenta o te perturba. No sucumbas a la tentación. No más Myolastan, no más cortavenismo, no más. Hay otra vía para la catarsis, y es la de bombardear a tu entorno con canciones bajoneras en el fondo pero gozables en la forma. Tú que quedas tan a gusto, te descargas, te desestresas, matas la ansiedad un rato, y los demás lo bailan. Yo lo llamo la Tercera Vía, y de eso es de lo que I. y yo nos hemos pasado más de una semana hablando. Pero veamos primero cómo dos personas que solo se conocen por referencias llegan a elaborar una playlist conjunta desde Valencia y Bruselas (pasando por Castellón y Estocolmo), respectivamente.

Paso 1: avasallar a tu interlocutor con todas las canciones que se te ocurran. Esto no nos ha resultado difícil, al parecer las dos tenemos la misma tara. Interesante.
Paso 2: abrirte paso entre la maraña de temas y seleccionar unos cuantos imprescindibles. “¿Cinco tú y cinco yo?” “Cinco tú y cinco yo”.
Paso 3: escribir. Explicar por qué una canción te dice lo que te dice es difícil, explicarlo a cuatro manos, casi imposible. Así que dejo que I. me cuente. Y me cuenta. Y le cuento:

Una propuesta para comenzar: "Hablemos de lugares en los que nunca pasa nada.":


Underwear de FM Belfast. "Ni siquiera tengo la ropa interior limpia porque lo de tener una lavadora por casa es una costumbre que dice mucho del carácter español: limpieza y derroche. Los belgas parecen no entenderlo pero, en cambio, les gustan las fiestas igual que a los españoles. Y quizás mi música. Y Facebook se empeña en presentarme a la nueva novia de mi ex - ESE concepto - , y veo en su Twitter la foto de un plato de albóndigas que han cocinado juntos. Social media stalker. Podríamos pinchar Dancing on my own, que es lo que ponen en la serie Girls para digerir ‘ESE concepto’, pero no. El Underwear de FM Belfast me pone más en modo Underwear de Pulp, how the hell did you get here, y quiero que suene With every heartbeat de Robyn”.


“Puede que haya un par de personas en la sala que estén necesitando digerir albóndigas tanto como yo. Mucha arritmia potencial, entre tanto heartbeat.” Metidas en harina y ya que tenemos a la gente a tope con el Eurodance, podríamos aprovechar para colar uno de esos temas que son susceptibles de hacerte llorar, como cualquier cosa featuring Antony Hegarty, pero que con el volumen adecuado producen el efecto contrario. Yo digo Blind, de Hercules and Love Affair. Ahí hay mucho simbolismo y mucho autoexamen, y oscuridad y sentimiento de deriva y todas esas cosas que en realidad son un poco de adolescente tardío (la adolescencia tardía es lo que hay, dadas las circunstancias), pero I., tú y yo sabemos que lo van a dar todo. Menos las albóndigas, espero.


Pero, como estamos ante un DJ bajonero, lo que el cuerpo le pide es “pinchar algo que lleve al público a rememorar aquellos felices años 20, y sus propias bajonas”, y para eso hay que echar mano de los clásicos sin recurrir al Love will tear us apart (again). Nuestros héroes sobrevivieron. Bueno, casi. New Order, vivos. Curtis... Veamos qué ocurre en la pista de baile cuando suene el Bizarre Love Triangle. New Order lo petan (al menos lo petaban en sus buenos tiempos), y no hay más que hablar. O eso, o es que me acaba de dejar picueta enterarme de que estamos escribiendo todo esto en el Día Internacional de la Felicidad (en serio) y de repente la vida se muestra ante mí en toda su contradictoria grandeza.


I. lleva un mes muy sueco, por lo que puedo colegir de su Twitter y su Facebook, y por sus sugerencias para la playlist. Ella me lo confirma: “Armarios PAX. Ginger cookies. Y Lykke Li.” Y Robyn, y albóndigas de caballo, y edredones, todo lo que un país escandinavo puede ofrecer a una chica mediterránea para sus momentos de recreo. Me declaro culpable también. De dejarme los cuartos en Ikea (a lo largo de los años he comprado pinzas para bolsas por encima de mis posibilidades) y de tener sentimientos contradictorios cuando escucho I follow rivers. Digo más, cuando escucho el Magician Remix de I follow rivers. A mí me pone melancólica y a I. se le atragantó un gofre cuando la pusieron en el chiringuito aquel, pero a nuestro alrededor la gente la baila tan a gusto. Así que entra en lista.


Pero hay que rendirse ante la agridulce evidencia, tal y como me dice mi coautora: “En toda fiesta expat que se precie hay un núcleo de españoles.” Cierto. “Hay un momento de orgullo patrio y de pinchar algo por todos esos amigos y amores que has ido perdiendo en el camino hacia ninguna parte.” Ocurre. “Deberíamos poner un tema que los extranjeros bailen ridículamente, y que los nuestros puedan disfrutar echando suspiros al viento.” Adjudicado a Del montón de Sr. Chinarro. Por eso y porque los amores no correspondidos son los más jodidos - este bonito pareado es mío, gracias. Por todas las veces que te has quedado con todo el montón, por lo que “pudo ser pero nunca fue nada”, porque estás lejos, porque siempre estás lejos con respecto a alguien. Cántate esta.


¿Se estarán diviertiendo? Toca experimento. Compás 4 x 4. Si se lo están pasando bien, si han conectado contigo, DJ embajonado, serán capaces, cuando llegue el momento, de rendirse a True romance de Citizens!, mientras tú te sigues haciendo preguntas existenciales (ojito, que van desde el "what are we doing here" al "what was I thinking when I let you go", pasando por "will we ever know ourselves"). ESAS son las preguntas que deberías hacerte, no por qué tu mejor amigo ya no te habla, por qué te despiertas con los dientes tan apretados o por qué la procrastinación domina tus días (hola).


Desde que empezamos a tramar la lista, I. y yo apostamos al mismo caballo ganador (¿por qué estoy tan equina?). Si hablas de canciones catárticas, Javiera Mena es una tecla que vas a acabar tocando. Con la Mena me pasa una cosa, y es que no me entero muy bien de lo que quieren decir sus letras hasta que no lo leo, explicado por ella, en alguna entrevista. La chica, que es así de críptica. O que no se explica bien, yo qué sé. Más a mi favor. Desahogo y disimulo. El punto amargo que no se nota. Ella te está hablando de una ruptura, como en Luz de piedra de luna, pero tú lo bailas, y lo gozas, y lo cantas (sí, esto es una referencia a las Ketchup) cual Joven y alocada. Y así. Aprovéchate y métele a tu audiencia un gol de chilena (y quítame dos puntos del carnet de blogger por este chiste malo).


Si estás fuera de tu país, sea el que sea (y sé que I. me dará la razón) acabas teniendo momentos Lost in Translation, y con Lost in Translation me refiero a sentirte un poco solo y un poco fuera de lugar, en general. Me reencuentro con Too young, de Phoenix, mientras ceno dos yogures caducados (fiel al espíritu de Arias Cañete) y de repente me siento como Bill Murray y Scarlett Johansson en mi propia ciudad. Mejor no pienso en los años que tenía cuando se publicó United. Es decir, en los que han pasado. Pero creo que no estaría de más incluir en la lista una de las canciones malrolleras más buenrolleras de la historia. O al revés (capítulos que se cierran vs. toda la fiesta, tómatelo como quieras).


Me parece fundamental acabar la playlist con una peineta simbólica, como remate final y en consonancia con los tiempos que vivimos. Míralos, qué bonicos, han bailado como perras hediondas y con un poco de suerte no se han dado cuenta de que estás un poco así. De modo que puedes entregarte a la pataleta final con We are beautiful, we are doomed, de Los Campesinos! Cosas de ausencias, terceros y cuartos indeseados y mal tolerados, esperas, viajes y angustia vital en general. Lo normal. Garantizado, cantar a grito pelado “there is future in the fucking / but there is no fucking future” o, alternativamente, “you said he got his teeth fixed / I’m gonna break them”  te va a venir muy bien para lo tuyo.


Terminamos de escribir e I. me pregunta por qué ofrezco este servicio público. Yo qué sé, en algún momento un DJ habrá salvado mi vida, a lo Indeep, y mi código de honor samurái me impulsa a devolver la ayuda. Así que, DJ en apuros, si estás ahí, manifiéstate. Dinos que ha ido bien. Dinos que han bailado. Dinos al menos que no te han hecho quedarte a limpiar. Esperemos, en todo caso, que la catarsis solo haya sido emocional y que las albóndigas de Ikea no hayan hecho estragos en los presentes. Y en caso de urgencia, estamos de guardia.