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viernes, 29 de noviembre de 2013

Ante todo mucha calma

Hola. Qué tal. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que este blog se actualizó y supongo que tengo dos opciones. O bien empiezo a lo Fray Luis de León, con "decíamos ayer" o bien os cuento mi vida. Es más cómoda la primera opción, pero en realidad la segunda me sirve para introducir el tema de este post. Un tiro, dos pájaros - yo gano.

El caso es que, tras mi breve incursión en la crítica de festivales y un período vacacional bastante satisfactorio (oye, no van a ser todo penas) sufrí una crisis. Escribía sin ilusión, sin ganas, decepcionada con cada párrafo que tecleaba, pensando que había perdido la gracia, desesperada por recuperar mi mojo. Recibía incesantes peticiones para que actualizara el blog (una o dos) pero no me veía capaz. Estaba en el hoyo creativo. Es malo eso, en serio. Pero entonces tuve una epifanía: no había perdido la gracia, NUNCA LA TUVE. Era mediocre, pero no mediocre en su primera acepción, "de calidad media", sino mediocre en su segunda acepción: "de poco mérito, tirando a malo". Bendita RAE.

Al contrario de lo que podríais pensar, y lejos de hundirme en mi habitual miseria, esta revelación supuso para mí una enorme liberación. Una vez asumidas mis carencias, me sentía libre de escribir sin la presión de satisfacer expectativas propias o ajenas y entendí muchas cosas de la vida, amigos, muchas cosas. Pero la más importante, lo que yo he venido aquí a contar después de tanto tiempo: entendí el chill out.

Keep calm

De acuerdo con mi nueva línea pressureless, voy a hacer un copiapega de la Wikipedia para definir el chill out: "Chill out (término informal del inglés que significa relajarse) es un género musical contemporáneo que engloba a gran cantidad de vertientes dispares de géneros musicales con un rasgo en común: su composición armoniosa y relajada". El chill out es la música del bienestar y la tranquilidad, de la aromaterapia y, por qué no, la benzodiacepina. Pero la mayor virtud del chill out es su capacidad para adaptar cualquier género que el ser humano haya parido, y hacerlo sin ningún tipo de complejo. Esto era algo que yo, antes de mi epifanía, en mi talibanismo musical, no podía comprender. ¿Música clásica chill out? ¿Flamenco chill out? Eran conceptos casi sacrílegos para mí. Pero vi la luz. En el arte, como en la vida, a veces debes desprenderte de las ideas preconcebidas, ignorar los comentarios más críticos y do your thing en armonía con el universo. Eso, queridos y queridas, me lo enseñó Bebe con esta versión de Smells like teen spirit de Nirvana que perfectamente podría haber sonado en el funeral de Kurt Cobain:


Porque el chill out es como un forro polar de Decathlon (tan vilipendiado por mi amiga A.V.). No será cool, no estará de moda, pero eh, a veces NECESITAS llevar ese forro polar para sentirte en casa. No soy profesional del ramo, pero imagino ese momento en el que decides hacer una versión chill out como un equivalente musical de bajar en pijama a por el pan porque estás a gusto y calentito y porque who cares. Y así, amigos, es como un creador llega a hacer una versión chill out de Chiquetete:


Si Esta cobardía chill out edit no es un bálsamo para vuestra alma es porque todavía estáis amarrados a esos inútiles prejuicios que os impiden disfrutar del solaz que ofrece este estilo. Tranquilos, cada uno necesita su tiempo para completar el proceso. No obstante, en la misma línea resulta altamente recomendable esta versión de Sarandonga que ya ha aparecido alguna vez en este blog. El esperanzador mensaje de la canción original ("nos vamos a comer un arroz con bacalao en lo alto del puerto") queda aquí realzado por la ligereza melódica del género chill out:


Pero no nos limitemos a un solo estilo, porque como os anunciaba el chill out es un género abierto, en el que caben desde Iron Maiden hasta ABBA. Cualquier cosa que debidamente transformada resulte de ayuda en una situación estresante. Esto es así, puedes estar retorciéndote en el sillón del dentista mientras te parten la muela en cinco trozos, pero gracias al chill out te sentirás transportado a las playas de Andalucía, o a sus campos de golf o lo que sea. Es un milagro. Por cierto: si pensáis que hacer una versión chill out es bajar de revoluciones cualquier tema Y YA, si pensáis eso, estáis muy equivocados:


Pero que muy, muy equivocados:


En fin, no sé si os ha quedado clara la cosa pero no voy a intentar convenceros, quizá porque más que nada es que me da igual. Es mi nueva filosofía. Solo quería que lo supiérais. Viva la mediocridad. Viva el forro polar. Bienvenidos de nuevo y no os preocupéis por nada: Keep calm and Pitbull chill out:


lunes, 15 de julio de 2013

Fantastic summer

Vamos a dejarnos de tonterías, voy a empezar este post con una referencia que va a sonar pedante, pero lo voy a empezar así y os vais a callar el boquino. Hay una serie fotográfica de Ai Weiwei titulada "Estudios de perspectiva" en la que el artista chino aparece dirigiendo su dedo corazón (vulgo haciendo una peineta) a  monumentos, obras de arte y lugares icónicos de todo el mundo en un gesto de rebeldía ante el establishment cultural y político. Las descripciones no son lo mío, pero tengo material gráfico, atención:

Ai Weiwei - Estudios de perspectiva

Pa' ti y pa' tu prima, Torre Eiffel. Y así all around the world. Pues bien, a mí me entran ganas de repetir ese gesto cada vez estoy tranquilamente en casa y recibo este tipo de ataques morales en forma de fiesta campestrecool, parajes playeros y buenrollismo hipertrofiado. Cómo me pondrá la cosa que ni me meto con lo que lleva esa paella:


Veréis, el mundo se divide en dos tipos de personas: unos son los que no dicen "verano" sino "veranito" y disfrutan cual gorrinillo en fango con este tipo de representaciones (o paripeses). Los otros son conscientes de que cualquier parecido entre tales fantasías y la realidad es pura coincidencia, y el verano les produce más bien indiferencia, cuando no directamente repulsión. Por si no lo habíais adivinado, yo estoy en el segundo grupo. Tanto que he tardado casi un mes desde el comienzo del verano en escribir este post de bienvenida al verano.

No me culpéis, mi recibimiento del verano consistió en un patético episodio en el que un individuo montado en una bicicleta del servicio municipal de alquiler se llevó mi móvil (que no era un Sony Xperia Z, pero casi) from my warm, living hands, todo ello seguido de una desesperada carrera que me dejó como recuerdo las agujetas más grandes jamás contadas y de una deliciosa visita a la comisaría de mi barrio para denunciar el hecho y entretenerme un rato. Fantastic time, pensé, a ver si mi compañía telefónica me hace descuento en el nuevo terminal por estar en paro. Fantastic life. Pese a todo, la tele seguía intentando convencerme de que el verano es el recopetín, y de que everybody wanna live my life:



El caso es que yo diría que NO. Perdonad que sea tan taxativa, pero mientras escribo esto mi casa está siendo invadida por los mosquitos como si de un manglar se tratara, y mi visión del tema empeora cada vez que tengo que parar para rascarme. A lo que voy. No puedo con el buen rollito veraniego. Me irrita. Me exaspera. Me supera. Esto es lo que tengo yo para el buen rollito veraniego y para la supuesta vida mediterránea:

#queledenporculoalmediterráneo

Lo hablé con algunos amigos, preocupada como estaba por la posibilidad de ser una amargada al no poder empatizar con los protagonistas de los anuncios de cerveza. Ojo, yo soy partidaria de la positividad, incluso practicante cuando mi pesimismo y mi misantropía me lo permiten, pero algo me alejaba de estas imágenes de colegueo veranil. ¿Sería ese escenario sobrepoblado de hipsters? ¿El exceso de dientes-dientes-eso-es-lo-que-les-jode? ¿El hecho de que intentaran convencerme de lo maravillosa que es la vida en el sur de Europa y la odiosa comparación con la realidad? En palabras de un comentador de YouTube: "Pero que puto anuncio quereís que os pongan?? Menuda gente más amargada machooooo si quieres te ponen un anuncio que te amargue , con gente debajo de un puente llorando y muriendose, no me jodas chicooooooooooo". ¿Era yo así? ¿Por qué no podía simplemente contagiarme de felicidad mediterránea y alargar las vocales para celebrarlo?

Algunos de mis amigos (especialmente A.) coincidían conmigo, lo cual me reconfortó. Pero no acababa de estar tranquila. Eché la vista atrás e intenté recordar mis últimos veranos en busca de un punto de conexión con esa #FantasticLife. El año pasado... no, no salí de mi ciudad. El anterior... buff, tampoco... Un momento. Creo que fue hace tres veranos cuando intenté sacarme el título de socorrista. Fue más o menos así: el primer día que fui a la piscina para intentar mejorar mis registros en natación perdí las lentillas (y el aliento) ante la mirada del socorrista, que me seguía con atención ante mi evidente ahogabilidad. Y ya. Me quedé en socorrista de tierra y nunca podré cantar esto con propiedad:


En fin, basta de divagar. No me gusta que digan que tengo que ser feliz y cómo tengo que serlo, me estomaga esta pretensión de hacer del verano algo cool cuando siempre ha sido el reino del sudor, la pringue, la arena pegada entre los dedos y las moscas cojoneras (en todos los sentidos). El verano no huele a pino como un ambientador barato. Si el Odorama hubiera cuajado (e inexplicablemente no lo hizo), seríamos conscientes de que en los anuncios de cerveza huele a sudor y a fritanga. Como en la vida misma.  La felicidad publicitaria nos escamotea parte de la realidad, y por eso quiero reivindicar el verano más honesto, el que no se avergüenza de la cutrez y el esperpento y que nos ofrece bien de lycra y colores chillones para pasar los calores.

Punto 1: en verano no te apetece pensar. No digo que no puedas retomar la lectura de ese libro de Tolstói que tenías aparcada desde hace dos años, pero sabes que al final tus neuronas moribundas te van a pedir que eches el freno y les ofrezcas algo más light. O en todo caso, que acompañes ese Tolstói con algo fresquito. Georgie Dann, el gurú de la canción del verano, será tu mejor aliado:


Punto 2: en verano el tiempo se suspende. Las altas temperaturas alteran la percepción temporal, y ello posibilita las siestas de cuatro horas y el eterno retorno de clásicos veraniegos. Dicho de otra manera, que nos la vuelvan a colar con décadas de diferencia y apenas unas sutiles variaciones. a saber:

El tiburón. Una oda a la frustración amorosa en forma de fábula lafontainiana. Sí, con baile for dummies.


Suave (Kiss me) o cómo cualquier revisión de un clásico noventero puede colar en la segunda década del tercer milenio siempre que incluya frases en inglés y, por supuesto, a Pitbull.


Verano azul. Todo recuerdo infantil es susceptible de ser pervertido por la evolución de la cultura masiva. Para muestra, Juan Magan profanando el recuerdo de Chanquete.


Punto 3: los clásicos nunca mueren. O dicho de otra manera, te da igual ocho que ochenta. Esto es tan válido para Guerra y paz como para Cachete, pechito y ombligo, que no necesita de revisiones (aunque las ha habido) para seguir siendo gozada en 2013. Sensual y perturbadora, Cachete... mantiene en la actualidad toda su frescura:


Algo parecido sucede con El venao, una historia de celos que el mismo Shakespeare no habría rechazado como banda sonora para su Otelo.



Punto 4: En verano sobrellevas el calor como puedes. Algunas estrategias eficaces: tomar líquido en abundancia, protegerse del sol, evitar estar en la calle en las horas centrales del día y, si es necesario, ir a la playa. Atención. La playa no es como en los anuncios de cerveza. Es decir, a veces sí, pero por lo general es más bien un lugar masificado, lleno de gente que hace ruido y niños que te tiran arena a la cara. Pero si obvias estos pequeños inconvenientes puedes pasártelo bien como Loona, la alemana más latina, que vive atrapada eterno verano. Ole por ella.


*por si acabáis de descubrir a esta gran artista y Vamos a la playa os ha sabido a poco, incluyo el bonus track Policia, una historia al más puro estilo Leticia Sabater con arrestos, playa y fiesta. What else?



Había pensado incluir un quinto punto referente a la alimentación pero no quiero entrar en polémicas, creo que la aportación de Love of lesbian al panorama gastronómico veraniego es más que suficiente en este sentido. Eso, y que me voy de vacaciones y quiero acabar pronto. ¿Será idílico mi destino? ¿Cocinaré paellas heterodoxas mientras mis amigos se tiran a la piscina con la bici? ¿Será mi verano tan envidiable que a todos os darán ganas de vomitar? No creo. ¿Y cuál es mi actitud ante todo esto? Una vez más:


Por cierto, al final se cierra el círculo y el Instagram de Ai Weiwei resulta ser un monumento a la #FantasticLife. Qué decepción. Feliz verano.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Confessions on a dancefloor

Este es un mundo cruel. Despiadado. Cualquier desliz puede condenarte por siempre al ostracismo, a las miradas de reojo, al desdén de tus congéneres. Es difícil, pero a veces tienes que ocultar lo que realmente sientes, reprimir tus impulsos, disimular para no ser marginado. Así es la vida de una moderna. Al llegar fiestas señaladas, digamos masivas, digamos mainstream, digamos (casualmente) la Nochevieja, mucho más que con ocasión de cualquier reunión social convocada a lo largo del resto del año, cualquiera que pretenda integrarse en un ambiente hipster (sí, sé que hipster y moderna no son lo mismo, pero en este caso me permito la licencia) debe mantener ciertas apariencias.

Vivimos tiempos duros, la reputación es de lo poco que nos queda, una vez deducidos los correspondientes ajustes económicos y sociales, y no es cosa de arruinarla por un quítame allá esos Alt-J. Si quieres conservar intacta esa reputación, te mantendrás alejado de cualquier cosa que pueda alojarse, aunque sea remotamente, en la órbita de Los 40 Principales, y ambientarás tu última velada del año con algo de folk para la cena, en plan tranquilito-buena digestión, para después pasar a algo más movido pero bien tolerado por tu entorno (hipster approved hits). Pero amigo, todos sabemos que te estás aguantando las ganas de ponerte una de la Carrà.

spice up your life

Que no cunda el pánico, para eso se creó la expresión guilty pleasure, para que tú y yo podamos decir, cuando suena un temazo mainstream, que lo bailamos, lo gozamos y lo cantamos (sí, estoy parafraseando el Aserejé) pero que, como tenemos mucho mejor gusto que todo eso, tal goce nos produce una sensación de culpa. Así que solo tienes que relajarte, dejarte llevar y preparar esa playlist que estás deseando preparar para Nochevieja. Aunque primero debes tener en cuenta unas cuantas consideraciones:

1)      Si no te sientes muy seguro, empieza con algo tan mítico que puedas hacerlo pasar, llegado el caso, por una broma. Cuanto más, mejor, y si el tema data de los años de tu adolescencia, puntos extra. Si tus invitados te miran mal, lo podrás arreglar con esta frase: “es que mi ironía no conoce límites”. Una apuesta segura es el Wannabe de las Spice Girls.


2)      De acuerdo, has pasado ese momento, has intercalado tus cositas de Yelle y FM Belfast para calmar los ánimos, y vuelves a la carga. Si tus amigos han superado a las Spice, podrán con algo de Britney. Avanza con cuidado. Un tema que haya conocido sus versiones indie, como Toxic, será suficiente por ahora.


3)     Limpia con algo de Ting Tings, deja caer una de Tame Impala para que se sepa quién eres tú, y luego inténtalo con algo más fuerte, pero potencialmente aceptable por una moderna, como Katy Perry. Algunas de ellas pueden anhelar en secreto esa pretendida frescura teen de instituto californiano, así que algo de Hot ‘N’ Cold no les hará daño.


4)     Después de un tiempo, notarás que cada vez tus elecciones van siendo más aceptadas, y que el volumen de éxitos culturetas a intercalar disminuye. Lo verás en sus caras. Es el momento de decidirte por un genuino temazo adolescente. Call me maybe de Carly Rae Jepsen es LA elección. Si algo falla, recuérdales que es canadiense como Neil Young. No como Justin Bieber, como Neil Young.


5)     Si han podido con eso (y créeme, no solo han podido sino que han disfrutado), puedes cruzar la frontera y seguir en la misma línea, con Taylor Swift y We are never ever getting back together. Sin solución de continuidad. No dejes que pierdan ese espíritu adolescente.


6)     Como alternativa, y solo, repito, solo si ves que el nivel de entusiasmo es suficiente, prueba con una bomba. Party in the USA te elevará a los altares o te hundirá en la miseria. Pero tendrás un colchón: el hecho de que Miley Cyrus encarnara a Hannah Montana te permitirá volver a recurrir a la excusa de la ironía.


7)     No lo habíamos tenido en cuenta, pero otra cosa que juega a tu favor es el nivel de alcohol en sangre de tus invitados, que previsiblemente habrá subido a lo largo de todo este tiempo. A estas alturas, si mis cálculos no fallan, deberían estar en condiciones de disfrutar sin remordimientos con algo como Sexy and I know it, de LMFAO.


8)     De acuerdo, acabas de desbloquear otro nivel. Es ahora o nunca. No pierdas el tiempo con chorradas del estilo de David Guetta, eso sí que es un quiero y no puedo patético. O susto o muerte. O Pitbull o nada. Si lo has hecho bien, ya deberías tenerlos a todos diciendo “one, two, three, four, uno, doh, treh, cuatro”. I know you want me.


9)     SOLO AHORA tienes a tu auditorio preparado para el TEMAZO MÁS GRANDE DE TODOS LOS TIEMPOS. De acuerdo, quizá no sea el más grande en términos absolutos, pero en términos relativos de calidad-goce, su rendimiento es inigualable. Ponlo YA: Yo quiero bailar, de Sonia y Selena.


Después de todo esto, deberías haber conseguido que tus amigos, siguiendo tu ejemplo, hayan olvidado sus prejuicios de hipsters y disfrutado de lo más granado de la radiofórmula, como cualquier hijo de vecino. Tal vez al principio hayan intentado manipular tu playlist para pasar las canciones y encontrar el puñetero Magician Remix de I follow rivers, de Lykke Li, pero seguro que se han acabado rindiendo a tu selección. No temas, en el fondo les has hecho un favor. Eso se llama catarsis, y es bueno, bonito y barato.

Si has echado en falta un décimo paso, tranquilo, es una omisión deliberada. El último es solo para ti, por la satisfacción del trabajo bien hecho. Cuando se vayan todos, al cerrar la puerta, disfruta de tu último guilty pleasure y baila como Van Damme con Una vaina loca.