viernes, 29 de noviembre de 2013

Ante todo mucha calma

Hola. Qué tal. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que este blog se actualizó y supongo que tengo dos opciones. O bien empiezo a lo Fray Luis de León, con "decíamos ayer" o bien os cuento mi vida. Es más cómoda la primera opción, pero en realidad la segunda me sirve para introducir el tema de este post. Un tiro, dos pájaros - yo gano.

El caso es que, tras mi breve incursión en la crítica de festivales y un período vacacional bastante satisfactorio (oye, no van a ser todo penas) sufrí una crisis. Escribía sin ilusión, sin ganas, decepcionada con cada párrafo que tecleaba, pensando que había perdido la gracia, desesperada por recuperar mi mojo. Recibía incesantes peticiones para que actualizara el blog (una o dos) pero no me veía capaz. Estaba en el hoyo creativo. Es malo eso, en serio. Pero entonces tuve una epifanía: no había perdido la gracia, NUNCA LA TUVE. Era mediocre, pero no mediocre en su primera acepción, "de calidad media", sino mediocre en su segunda acepción: "de poco mérito, tirando a malo". Bendita RAE.

Al contrario de lo que podríais pensar, y lejos de hundirme en mi habitual miseria, esta revelación supuso para mí una enorme liberación. Una vez asumidas mis carencias, me sentía libre de escribir sin la presión de satisfacer expectativas propias o ajenas y entendí muchas cosas de la vida, amigos, muchas cosas. Pero la más importante, lo que yo he venido aquí a contar después de tanto tiempo: entendí el chill out.

Keep calm

De acuerdo con mi nueva línea pressureless, voy a hacer un copiapega de la Wikipedia para definir el chill out: "Chill out (término informal del inglés que significa relajarse) es un género musical contemporáneo que engloba a gran cantidad de vertientes dispares de géneros musicales con un rasgo en común: su composición armoniosa y relajada". El chill out es la música del bienestar y la tranquilidad, de la aromaterapia y, por qué no, la benzodiacepina. Pero la mayor virtud del chill out es su capacidad para adaptar cualquier género que el ser humano haya parido, y hacerlo sin ningún tipo de complejo. Esto era algo que yo, antes de mi epifanía, en mi talibanismo musical, no podía comprender. ¿Música clásica chill out? ¿Flamenco chill out? Eran conceptos casi sacrílegos para mí. Pero vi la luz. En el arte, como en la vida, a veces debes desprenderte de las ideas preconcebidas, ignorar los comentarios más críticos y do your thing en armonía con el universo. Eso, queridos y queridas, me lo enseñó Bebe con esta versión de Smells like teen spirit de Nirvana que perfectamente podría haber sonado en el funeral de Kurt Cobain:


Porque el chill out es como un forro polar de Decathlon (tan vilipendiado por mi amiga A.V.). No será cool, no estará de moda, pero eh, a veces NECESITAS llevar ese forro polar para sentirte en casa. No soy profesional del ramo, pero imagino ese momento en el que decides hacer una versión chill out como un equivalente musical de bajar en pijama a por el pan porque estás a gusto y calentito y porque who cares. Y así, amigos, es como un creador llega a hacer una versión chill out de Chiquetete:


Si Esta cobardía chill out edit no es un bálsamo para vuestra alma es porque todavía estáis amarrados a esos inútiles prejuicios que os impiden disfrutar del solaz que ofrece este estilo. Tranquilos, cada uno necesita su tiempo para completar el proceso. No obstante, en la misma línea resulta altamente recomendable esta versión de Sarandonga que ya ha aparecido alguna vez en este blog. El esperanzador mensaje de la canción original ("nos vamos a comer un arroz con bacalao en lo alto del puerto") queda aquí realzado por la ligereza melódica del género chill out:


Pero no nos limitemos a un solo estilo, porque como os anunciaba el chill out es un género abierto, en el que caben desde Iron Maiden hasta ABBA. Cualquier cosa que debidamente transformada resulte de ayuda en una situación estresante. Esto es así, puedes estar retorciéndote en el sillón del dentista mientras te parten la muela en cinco trozos, pero gracias al chill out te sentirás transportado a las playas de Andalucía, o a sus campos de golf o lo que sea. Es un milagro. Por cierto: si pensáis que hacer una versión chill out es bajar de revoluciones cualquier tema Y YA, si pensáis eso, estáis muy equivocados:


Pero que muy, muy equivocados:


En fin, no sé si os ha quedado clara la cosa pero no voy a intentar convenceros, quizá porque más que nada es que me da igual. Es mi nueva filosofía. Solo quería que lo supiérais. Viva la mediocridad. Viva el forro polar. Bienvenidos de nuevo y no os preocupéis por nada: Keep calm and Pitbull chill out:


jueves, 8 de agosto de 2013

Girls just wanna go to Burriana (II)

Pues sí, conseguimos encontrar el coche sin caer a la acequia, y salimos "sin problemas" del terraplén*. Y esto nos lleva a la segunda entrega de la CRÓNICA DE UN ORINAL

Día 2: aprendiendo de los errores. Ese parking, caca. Tras un recorrido por el Grao de Burriana en busca de aparcamiento, durante el que llego a estar tentada de dejar el coche abandonado en mitad de una rotonda y salir corriendo, finalmente conseguimos estacionar y nos dirigimos al recinto de conciertos. Gracias a que vamos resabiadas, aprovechamos el tiempo para hacer estas cosas reglamentarias de las autofotos con el escenario de fondo y tal. 

Como empezamos con Antònia Font, que sí son mi tacita de té, disfruto nivel esto:


Y como pasamos total de Iván Ferreiro, aunque sé que esto nos puede granjear la enemistad de algún indie de la vieja escuela, decidimos que es buena hora para ir a cenar. Que no nos falte de ná. La furia botellonística ha decrecido en relación con el día anterior, pero nuestro querido paseo marítimo sigue siendo un maldito infierno.

highway to hell

Y sí, siguen sonando cosas de este palo. Porque nenes, es verano y aunque no te guste te lo comes. LA PLAYLIST DE SATÁN:



Aún así, llegamos a zona urbana. Pizza 2: tomate, queso, jamón york. Volvemos al recinto para ver a Francisca Valenzuela, a la que no digo yo que tengáis que conocer pero que oye, que está bien y lleva con mucha dignidad los disco pants, como bien advierte A. Y en Buen soldado ha incluido la frase "tengo un buen rabo". Minipunto para ella.


He de decir decir que la presencia de Keira Knightley en Burriana me parece un hecho sublime que actualiza la expresión "Burriana, París y Londres", pero a la hora de la verdad también pasamos total de Klaxons (cuyo teclista está casado con la actriz). The Drums y a casa. ¿Qué pasa? Aguantad vosotros sin drogas.

Día 3: hemos decidido que venimos en plan hipster patrio, el karma nos premia con una estupenda plaza de aparcamiento y nos vamos a ver a La Bien Querida. El público del domingo parece, a primera vista, más maduro, lo cual indica que los programadores saben dos cosas:

- Los adolescentes están muertos tras tres o cuatro días de botellón nonstop y/o han pillado alguna infección mala en las duchas del camping
- Nadie trabaja el lunes #Talkin'BoutMyGeneration

Los treintañeros (y aledaños) nos tragamos en sesión continua a La Bien Querida y Los Punsetes, que voy a decir que me parecen un poco sobrevalorados porque creo que es lo que diría un crítico musical en condiciones, pero yo coreo a grito pelado Tus amigos porque... ya sabéis.


Tras la pizza #3 (tomate, mozzarella, bacon, huevo y cebolla, en plan grand finale) seguimos para bingo hipster con The Maccabees (iconito del dedo pulgar/me gusta) e Hidrogenesse (porque A. se empeña - y yo me alegro). A. dice que son los Daft Punk españoles (y maricas) y yo me quito el sombrero ante los creadores de Disfraz de tigre:


Queda tiempo para las más cosas reglamentarias que no hemos hecho, como fotos de nuestros pies:

foto de pies

dejarse morir en lo que algunos llamarían zona chill out y que en realidad es donde la gente va cuando está muy pasada:

zona de residuos

Mientras nos dejamos morir en este acabadero, pensamos que un buen fin de fiesta sería Kakkmaddafakka. Kakkmaddafakka molan porque nos llaman sexy bitches nada más empezar el concierto. Eso sube la moral. Después se me sube también el biceps femoral. Y eso ya no. Así que nos toca volver a casa con la mayor indignidad posible. Aunque al menos nosotras sabemos cómo vamos a volver.

volver

Han pasado tres días y aún me duele el cuello. Estoy gastando mis reservas de Myolastan, porque en el fondo me gusta vivir peligrosamente. Y el tirón sigue amenazando con reavivarse. Pero sobreviviré. Creo.

Agradecimientos:
- Pizzería San Marino, Burriana
- Barritas de cereales LIDL
- A.

*Revisar amortiguadores.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Girls just wanna go to Burriana (I)

Que por mayo era, por mayo, cuando A. me propuso ir a algún festival este verano. Estábais esperando lo de "cuando hace la calor". La calor la hace ahora, chicos. No liarme. El caso es que, a pesar de mi aversión a las aglomeraciones, acepté la propuesta porque, you know, a quién no le va a gustar. Sí, yo, la misma que renegaba hace un mes de la #FantasticLife, he hecho un paréntesis en mi hurañía habitual para enseñar dientes por la costa levantina y pegarme un fin de semana de playita, arrocito y festipower. Y, por supuesto, contarlo. He de decir, eso sí, que no lo hago por compartir mi felicidad (léase restregársela al resto del mundo por los morros) sino por el bien de mi PMB, que hasta ahora ha vivido acomodado en su mundo de YouTube, haciendo trash hunting sin moverse del sofá. Triste política para un blog musical.

Así, queridísimos, os contaré cómo A. y yo conseguimos pasar tres días en el Arenal Sound, compartiendo espacio, entre otros VIPs, con Keira Knightley (quién sabe si con Letizia Ortiz, tan metida ella en el rollo hipster), sorteando los peligros de botellones de proporciones bíblicas y caminos sin asfaltar y alimentándonos únicamente de pizza. De dormir en el camping nada, eso en mi camita, no querréis que encima sufra.

la bienque

Día 1: A. está fresca, pero yo encaro el primer día de festival apenas 24 horas después de un turno de 24 horas, OJOCUIDAO, por lo que procuro ingerir alimentos suficientes para resistir la jornada y completo el calentamiento con una siesta de tres cuartitos de hora, que ya no tenemos 18 años. Subimos al coche. A. no es consciente de ello y yo no se lo digo, pero no me sé el camino. Así voy yo por la vida. Aún así, llegamos sin mayores problemas. No solo eso, sino que encuentro el parking. En realidad el parking es como un bancal en barbecho, hay tierra seca por todas partes, el coche bota a lo París-Dakar (o lo que quiera que sea ahora) y por un momento pienso que la escena solo puede acabar así:


O así:


Afortunadamente, no ocurre ninguna de las dos cosas, y consigo dejar el coche a buen recaudo. Segundo paso: buscar el recinto de conciertos. Preguntamos a un empleado de la organización. "Dicen que hay un camino por ahí abajo". Dicen que si tomas cocacola y petazetas te mueres, estoy tentada de contestarle, pero no. Buscamos el camino. Existe. Divisamos Burriana Beach. Sorprendentemente, la programación es milimétrica y los conciertos empiezan con puntualidad británica (A. me apunta que la puntualidad británica es un mito, pero nos entendemos), lo cual supone que llegamos tarde.

Nosotras no somos como esa gentuza que va a los festivales por la fiesta, hemos ido por la música e incluso estamos dispuestas a irnos si empezamos a pasarlo demasiado bien, así que vemos nuestro primer concierto, nos damos por satisfechas por el momento y nos vamos a cenar como unas señoras. Ah, sí, la crónica musical. Manel a mí es que no me matan. A. dice que le gusta mucho su versión de Common people. Por mí podrían haberla dejado estar.

Fuera del recinto no hay tanto talibanismo musical, y al salir nos encontramos con el mítico macrobotellón del Arenal. En mi imaginación, el infierno es como el paseo marítimo del Arenal prolongado ad infinitum. Nunca acabas de atravesarlo, siempre huele a orines y productos químicos, y de fondo no suena Highway to hell, sino Juan Magán, y de hecho así era:


Con todo esto, debo decir que la primera pizza (tomate, mozzarella, champiñones, handmade pizza, nada de gorrinadas de Domino's) me sentó de maravilla. A la vuelta, segundo paso por el paseo infernal. Como sé que esperáis mi opinión sobre el concierto de The Kooks, os diré que me pareció muy bien. Al salir, intento de robo. Mi bolsa del CSIC cortada con un cúter, arruinada, como el mismo CSIC. Qué ironías tiene la vida. Abandonamos el recinto por segunda vez para evitar males mayores y regresamos para el show de Meneo, que gana mucho con la pandilla de ménades danzantes luciendo tiburón sobre el escenario. A las 4 de la madrugada, el nudismo siempre es una opción ganadora. Si Toda loca no forma parte de vuestro repertorio estival, debería:


No quiero desperdiciar la ocasión para señalar la cortedad de miras de los directores de eventos veraniegos. Cualquiera con un poco de olfato habría programado a Julio Iglesias en su festival. Yo veo un claro Bamboleo con Julio feat. Meneo.


Y visualizo también una escena parecida a esta:

julio

Pero cada palo que aguante su vela, el que quiera contar con mi sabiduría musical que la pague. Especifico sabiduría musical porque de la otra tengo poca. Regresamos a la zona de aparcamiento en busca del coche, y ésta resulta no tener ningún tipo de iluminación:

A.: ¿Pero no te habías fijado cuando lo hemos dejado?
Yo: Pueeesssseessstooo... ¿sí?

El camino de cabras que lleva al parking está oscuro cual boca de lobo, lo que en la práctica supone que no deberíamos adentrarnos en él, a riesgo de ser asesinadas y descuartizadas por un criminal sádico o, más probablemente, caer en una acequia y no encontrar el coche. Esto se traduce, versión edulcorada, en "En la playa de Burriana, esperando para ver el amanecer #FantasticLife". Y así.

¿Conseguimos encontrar el coche? ¿Nos caímos a la acequia? Mañana, la segunda entrega de esta cosa.

miércoles, 24 de julio de 2013

Horrores del cine musical

Bad NYC movies es un blog sobre cine del malo con el que mantengo una relación de admiración-envidia, básicamente porque no lo he escrito yo. Solución: conseguir que su autora, Ana Crespo, colabore con PMB con un post invitado que examina lo peorcito del género musical. Canela fina para el verano:


El 6 de octubre de 1927 se estrenó en Nueva York El cantor de Jazz, la primera película sonora de la historia. Este avance cambió totalmente el mundo del cine y nos ha permitido disfrutar de películas magníficas. Sin embargo, la sinergia entre imagen y sonido estaba destinada a producir también numerosos horrores en forma de películas musicales.

Imagen de un pijama de El cantor de Jazz
en una tienda de Alaquàs, cuna del FRA
y meca de los hipsters de l'Horta Oest

El musical no ha gozado nunca de buena reputación. No es de extrañar, ya que tradicionalmente ha sido un género ligero, con canciones y coreografías bonitas muy del gusto del momento en el que se rodaron. Las películas que perduran suelen apelar a sentimientos universales que las hacen disfrutables décadas más tarde. El cine musical, con su superficialidad, suele envejecer bastante mal. Un buen ejemplo de ello es Gigi. En 1958 se llevó 9 óscars, incluyendo el de mejor película, totalmente inmerecido. Es una cinta aburrida, pesada y cursi, cuyo momento más memorable es una canción en la que Maurice Chevalier hace una suerte de apología de la pederastia y le da gracias a Dios por las niñas pequeñas.


No solo las canciones o las películas envejecen mal. También sus galanes protagonistas. Como hoy en día, el éxito de una película dependía en buena parte de los nombres del cartel. Maurice Chevalier y Fred Astaire eran nombres que atraían al público. Pero a finales de los años 50 ya estaban muy mayores. En Gigi Chevalier tenía la decencia de no hacer de galán como Astaire en Funny Face, en la que interpreta a un fotógrafo tunante que descubre a una joven modelo interpretada por Audrey Hepburn, a la que le saca 30 años. La joven, que es una seria bibliotecaria, tiene un breve momento beatnik para convertirse luego en modelo y finalmente en la novia perfecta, que es a lo que todas aspiramos en el fondo. 


Los musicales, tradicionalmente vacíos, puede que muestren y refuercen valores caducos mejor que ningún otro tipo de películas. Constituyen por tanto un género perfecto para subvertir. Uno de los máximos exponentes de subversión musical es sin duda The Rocky Horror Picture Show, una gozosa película que homenajea a la ciencia ficción de serie B y se burla de la pareja, de la familia y de la sexualidad tradicionales. He de confesar que tengo debilidad por el atrevimiento de estos musicales outsiders, que aunque no siempre funcionen bien del todo cinematográficamente, sí que suelen dejar algunas melodías y coreografías memorables. Es el caso del musical canadiense Zero Patience, sobre la teoría de que el sida lo introdujo en Norteamérica un homosexual francófono de Québec. Tiene temas como Pop a boner, una forma muy gráfica en inglés de decir “Se te pone dura”, interpretado por hombres semidesnudos bailando en una sauna gay.


Ya que hablamos de penes y de musicales outsiders, este post no puede estar completo sin mencionar la planta prepucio de Little Shop of Horrors, una película muy entretenida y recomendable a pesar de su dudoso gusto al tratar la violencia de género.


Si algo tienen en común la mayoría de musicales es que son películas diseñadas en gran medida para ganar dinero. En algunos círculos cinéfilos se ven con malos ojos las películas hechas con este fin, pero yo no comparto esa opinión: el sucio lucro me parece un motivo muy válido para rodar películas, y muchos ejemplos clásicos se rodaron precisamente para ganar dinero. Pero aunque sea un motivo válido, nunca debería ser el único, ya que luego se producen películas como Mamma Mia.


En ésta, una señora interpretada por Meryl Streep vive con su hija una fantastic life en una idílica isla griega. La hija se va a casar y quiere conocer a su padre biológico, pero su madre, que fue un poco casquivana en sus años mozos, no sabe quién es. La joven invita a los tres hombres con los que su madre se acostaba por entonces, interpretados por Colin Firth, Pierce Brosnan y Stellan Skarsgård. Aunque confieso que la disfruté como un cochinillo revolcándose en el barro, es una película en la que la dejadez y la desvergüenza campan a sus anchas en el argumento, los diálogos, las actuaciones y lo que es imperdonable en un musical: en las canciones, la coreografía y en el dudoso talento para cantar de algunos actores. Estoy hablando de ti, Pierce Brosnan.


La presencia de Streep no me sorprende mucho, debido al público al que se dirige la película, formado principalmente por mujeres de su edad. Tampoco me sorprende ya que Skarsgård esté por ahí, ya que salía en dos de las peores películas que he tenido la desgracia de ver en mi vida: El Indomable Will Hunting y Piratas del Caribe 3. Pero... un momento. Si Stellan sale en este musical y es el actor fetiche de Lars Von Trier, ¿por qué no estaba en Dancer in the Dark, el musical gafapasta que Von Trier hizo con Bjork para trolear a crítica y público? Me gusta imaginar que tuvieron una conversación similar a la que sigue:

- Stellan, me dijiste que no sabías cantar y que por eso no podías salir en Dancer in the Dark.
- ¿Has visto la película? Es obvio que no sé cantar. Pero necesito dinero para la hipoteca y la universidad de mis hijos. Si me pagaras lo que me corresponde no tendría que salir en Mamma Mia o Piratas del Caribe 3.
- Eres un desagradecido. El papel de Antichrista se lo voy a dar a Wilhem Dafoe.
- ¡¿Qué?!


Vi Dancer in the Dark durante mi adolescencia, cuando empezaba a formarme una opinión cinéfila. Por aquel entonces vi otro de los raros musicales dramáticos de la historia del cine, West Side Story.  Ambas me encantaron. Recuerdo que pensé que a veces sería fantástico que la vida fuera un musical y que en determinados momentos pudiéramos expresar nuestros sentimientos con una canción, con acompañamiento musical y coreografía. No me he atrevido a revisionar por completo ni Dancer in the Dark ni West Side Story, por miedo a que la primera me parezca ahora demasiado machista y la segunda demasiado kitsch, pero lo de la vida y los musicales lo mantengo, y algo me dice que no soy la única que piensa así

Expresar amor, frustración o tristeza, a veces tan difícil, sería mucho más sencillo. Otras actividades más o menos cotidianas, como ligar, serían mucho más entretenidas. Sueño con que llegue un día en el que alguien me pida mi número cantándome el Call me Maybe de Carly Rae Jepsen. Desde este blog lo digo, no le prometo una lap dance à la Death Proof, pero mi móvil se lo doy seguro. Y mi número también.


lunes, 15 de julio de 2013

Fantastic summer

Vamos a dejarnos de tonterías, voy a empezar este post con una referencia que va a sonar pedante, pero lo voy a empezar así y os vais a callar el boquino. Hay una serie fotográfica de Ai Weiwei titulada "Estudios de perspectiva" en la que el artista chino aparece dirigiendo su dedo corazón (vulgo haciendo una peineta) a  monumentos, obras de arte y lugares icónicos de todo el mundo en un gesto de rebeldía ante el establishment cultural y político. Las descripciones no son lo mío, pero tengo material gráfico, atención:

Ai Weiwei - Estudios de perspectiva

Pa' ti y pa' tu prima, Torre Eiffel. Y así all around the world. Pues bien, a mí me entran ganas de repetir ese gesto cada vez estoy tranquilamente en casa y recibo este tipo de ataques morales en forma de fiesta campestrecool, parajes playeros y buenrollismo hipertrofiado. Cómo me pondrá la cosa que ni me meto con lo que lleva esa paella:


Veréis, el mundo se divide en dos tipos de personas: unos son los que no dicen "verano" sino "veranito" y disfrutan cual gorrinillo en fango con este tipo de representaciones (o paripeses). Los otros son conscientes de que cualquier parecido entre tales fantasías y la realidad es pura coincidencia, y el verano les produce más bien indiferencia, cuando no directamente repulsión. Por si no lo habíais adivinado, yo estoy en el segundo grupo. Tanto que he tardado casi un mes desde el comienzo del verano en escribir este post de bienvenida al verano.

No me culpéis, mi recibimiento del verano consistió en un patético episodio en el que un individuo montado en una bicicleta del servicio municipal de alquiler se llevó mi móvil (que no era un Sony Xperia Z, pero casi) from my warm, living hands, todo ello seguido de una desesperada carrera que me dejó como recuerdo las agujetas más grandes jamás contadas y de una deliciosa visita a la comisaría de mi barrio para denunciar el hecho y entretenerme un rato. Fantastic time, pensé, a ver si mi compañía telefónica me hace descuento en el nuevo terminal por estar en paro. Fantastic life. Pese a todo, la tele seguía intentando convencerme de que el verano es el recopetín, y de que everybody wanna live my life:



El caso es que yo diría que NO. Perdonad que sea tan taxativa, pero mientras escribo esto mi casa está siendo invadida por los mosquitos como si de un manglar se tratara, y mi visión del tema empeora cada vez que tengo que parar para rascarme. A lo que voy. No puedo con el buen rollito veraniego. Me irrita. Me exaspera. Me supera. Esto es lo que tengo yo para el buen rollito veraniego y para la supuesta vida mediterránea:

#queledenporculoalmediterráneo

Lo hablé con algunos amigos, preocupada como estaba por la posibilidad de ser una amargada al no poder empatizar con los protagonistas de los anuncios de cerveza. Ojo, yo soy partidaria de la positividad, incluso practicante cuando mi pesimismo y mi misantropía me lo permiten, pero algo me alejaba de estas imágenes de colegueo veranil. ¿Sería ese escenario sobrepoblado de hipsters? ¿El exceso de dientes-dientes-eso-es-lo-que-les-jode? ¿El hecho de que intentaran convencerme de lo maravillosa que es la vida en el sur de Europa y la odiosa comparación con la realidad? En palabras de un comentador de YouTube: "Pero que puto anuncio quereís que os pongan?? Menuda gente más amargada machooooo si quieres te ponen un anuncio que te amargue , con gente debajo de un puente llorando y muriendose, no me jodas chicooooooooooo". ¿Era yo así? ¿Por qué no podía simplemente contagiarme de felicidad mediterránea y alargar las vocales para celebrarlo?

Algunos de mis amigos (especialmente A.) coincidían conmigo, lo cual me reconfortó. Pero no acababa de estar tranquila. Eché la vista atrás e intenté recordar mis últimos veranos en busca de un punto de conexión con esa #FantasticLife. El año pasado... no, no salí de mi ciudad. El anterior... buff, tampoco... Un momento. Creo que fue hace tres veranos cuando intenté sacarme el título de socorrista. Fue más o menos así: el primer día que fui a la piscina para intentar mejorar mis registros en natación perdí las lentillas (y el aliento) ante la mirada del socorrista, que me seguía con atención ante mi evidente ahogabilidad. Y ya. Me quedé en socorrista de tierra y nunca podré cantar esto con propiedad:


En fin, basta de divagar. No me gusta que digan que tengo que ser feliz y cómo tengo que serlo, me estomaga esta pretensión de hacer del verano algo cool cuando siempre ha sido el reino del sudor, la pringue, la arena pegada entre los dedos y las moscas cojoneras (en todos los sentidos). El verano no huele a pino como un ambientador barato. Si el Odorama hubiera cuajado (e inexplicablemente no lo hizo), seríamos conscientes de que en los anuncios de cerveza huele a sudor y a fritanga. Como en la vida misma.  La felicidad publicitaria nos escamotea parte de la realidad, y por eso quiero reivindicar el verano más honesto, el que no se avergüenza de la cutrez y el esperpento y que nos ofrece bien de lycra y colores chillones para pasar los calores.

Punto 1: en verano no te apetece pensar. No digo que no puedas retomar la lectura de ese libro de Tolstói que tenías aparcada desde hace dos años, pero sabes que al final tus neuronas moribundas te van a pedir que eches el freno y les ofrezcas algo más light. O en todo caso, que acompañes ese Tolstói con algo fresquito. Georgie Dann, el gurú de la canción del verano, será tu mejor aliado:


Punto 2: en verano el tiempo se suspende. Las altas temperaturas alteran la percepción temporal, y ello posibilita las siestas de cuatro horas y el eterno retorno de clásicos veraniegos. Dicho de otra manera, que nos la vuelvan a colar con décadas de diferencia y apenas unas sutiles variaciones. a saber:

El tiburón. Una oda a la frustración amorosa en forma de fábula lafontainiana. Sí, con baile for dummies.


Suave (Kiss me) o cómo cualquier revisión de un clásico noventero puede colar en la segunda década del tercer milenio siempre que incluya frases en inglés y, por supuesto, a Pitbull.


Verano azul. Todo recuerdo infantil es susceptible de ser pervertido por la evolución de la cultura masiva. Para muestra, Juan Magan profanando el recuerdo de Chanquete.


Punto 3: los clásicos nunca mueren. O dicho de otra manera, te da igual ocho que ochenta. Esto es tan válido para Guerra y paz como para Cachete, pechito y ombligo, que no necesita de revisiones (aunque las ha habido) para seguir siendo gozada en 2013. Sensual y perturbadora, Cachete... mantiene en la actualidad toda su frescura:


Algo parecido sucede con El venao, una historia de celos que el mismo Shakespeare no habría rechazado como banda sonora para su Otelo.



Punto 4: En verano sobrellevas el calor como puedes. Algunas estrategias eficaces: tomar líquido en abundancia, protegerse del sol, evitar estar en la calle en las horas centrales del día y, si es necesario, ir a la playa. Atención. La playa no es como en los anuncios de cerveza. Es decir, a veces sí, pero por lo general es más bien un lugar masificado, lleno de gente que hace ruido y niños que te tiran arena a la cara. Pero si obvias estos pequeños inconvenientes puedes pasártelo bien como Loona, la alemana más latina, que vive atrapada eterno verano. Ole por ella.


*por si acabáis de descubrir a esta gran artista y Vamos a la playa os ha sabido a poco, incluyo el bonus track Policia, una historia al más puro estilo Leticia Sabater con arrestos, playa y fiesta. What else?



Había pensado incluir un quinto punto referente a la alimentación pero no quiero entrar en polémicas, creo que la aportación de Love of lesbian al panorama gastronómico veraniego es más que suficiente en este sentido. Eso, y que me voy de vacaciones y quiero acabar pronto. ¿Será idílico mi destino? ¿Cocinaré paellas heterodoxas mientras mis amigos se tiran a la piscina con la bici? ¿Será mi verano tan envidiable que a todos os darán ganas de vomitar? No creo. ¿Y cuál es mi actitud ante todo esto? Una vez más:


Por cierto, al final se cierra el círculo y el Instagram de Ai Weiwei resulta ser un monumento a la #FantasticLife. Qué decepción. Feliz verano.